David Escarmelle y Sarah De Bruyne, expertos en  corporate actions de BNY Mellon, definen estos productos  como cualquier “evento que afecta a un valor cotizado que pueda afectar su valor o sus características. Eventualmente podría afectar a la cartera de los propietarios de estos valores”. Las corporate actions pueden tener varios propósitos: distribuir dividendos, influenciar el precio de la acción o su liquidez, y reestructuración corporativa para mejorar la rentabilidad, incrementar el capital o mejorar la deuda de la empresa.
Si por algo destacan estos productos es por la complejidad del negocio de las corporate actions, uno de los negocios más complejos y arriesgados que existen. Contiene múltiples variables, varios mercados y a los que les influye la cotización pero a su vez se encuentran restringidos por ciertos eventos y por su posición de endeudamiento. Ante tanta complejidad se explicó como reducir el riesgo de las corporate actions sobre todo gracias a la automatización, punto en el que se analizó profundamente en la sesión. La automatización del mercado permite que el inversor se concentre en analizar el mercado y sus decisiones y no se complique con la ejecución de sus órdenes.