El anuncio del rescate al sistema financiero español ha sido acogido de diferente manera tanto por agentes del mercado como por expertos en economía. Es cierto que hay diversas opiniones en torno a este hecho, pero hay un denominador común en todas ellas: El rescate es un paso adelante, aunque no una solución definitiva. Permítannos una opinión personal: “estamos en manos de unos irresponsables que no son conscientes que la transparencia es lo prioritario para dar tranquilidad a los mercados de capitales”.

Sanear la banca es una condición necesaria para sentar las bases de un sistema financiero que está en plena reestructuración, pero hace falta reducir la incertidumbre para calmar los mercados, reducir las rentabilidades que pagan los estados para financiarse, tomar medidas fiscales y monetarias expansivas que favorezcan el crecimiento y no ahoguen a empresas y familias. Llevamos de forma incansable alertando de que la bajada de tipos es necesaria, dado que la única forma de salir de la actual crisis, es que el BCE haga su trabajo aunque estemos a las puertas de una hiperinflación futura.

Con el rescate se pretende recapitalizar a las entidades financieras que no serían capaces de hacerlo por ellas mismas y tampoco sería capaz de hacerlo el Estado. Por eso, bajo presiones externas o no, ha tenido que hacerse desde Europa bajo un mecanismo que todavía está por conocer. La verdad es que simplemente se ha dicho que se hará por un máximo de 100.000 millones de euros, que sería suficiente, con condiciones más favorables que las de mercado y que se prestará directamente al Estado, que a su vez será supervisado para que fluya hacia los bancos. Este préstamo lo tienen que devolver los bancos al Estado y éste al fondo europeo correspondiente, por lo que se computará como mayor deuda soberana con las consecuencias que esto conlleva. Es cierto que el nivel de deuda pública entre PIB de España es menor que la media europea, sin embargo lo que preocupa es que con este aumento, con una economía en pleno proceso de ajuste fiscal y donde el paro supera el 24,4% (y creciendo) se haga menos creíble la posibilidad de devolver todo lo que se ha pedido a tiempo. Esta medida sin duda traerá un incremento del 10% en deuda , que nos condicionará el crecimiento futuro, por lo que es de máxima urgencia aplicar políticas expansivas. Sin duda, descontamos para el futuro, subida del IVA, retraso de la edad de jubilación, eliminación de funcionarios, que supondrá un incremento del paro, por lo que la presión a la deuda española será más fuerte en el corto plazo. Los mercados es lo que están descontando, es la solución menos mala, pero presionará nuestras arcas. Ya vemos las bajadas de calificación que estamos sufriendo.

Por otro lado, el problema de fondo sigue latente: el crédito no fluye debidamente. El mercado interbancario sigue estancado y los bancos deben continuar dotando provisiones para hacer frente a posibles impagos. Es un círculo vicioso donde estas entidades no abrirán el grifo del crédito a corto plazo, por lo menos, cuando para ello necesitan incrementar su riesgo y a la vez se le exigen mayores dotaciones.

Las entidades financieras españolas están inundadas de crédito soberano, el Estado con problemas para ajustar el déficit y endeudándose cada vez más. Otro bucle a tener en cuenta. Pero no sólo la banca española está expuesta a nuestro país, sino que la cifra que se baraja entre deuda pública y privada en manos de extranjeros es de 1,2 billones de euros. Una cifra escalofriante dada la situación financiera y laboral que estamos sufriendo.

Y mirando a nuestros países vecinos, no podemos olvidar que el domingo 17 hay elecciones generales en Grecia. Todo el mundo tiene los ojos puestos en el país heleno donde una posible victoria de la izquierda radical (Syriza) podría poner trabas a las condiciones del segundo rescate y se incrementen los temores de que el país deje finalmente el euro. Es cierto que una salida desordenada traería consecuencias nefastas para la economía europea y que Grecia lo pasará muy mal durante años si acepta las condiciones de los acreedores, pero quizás lo más preocupante es la radicalización de las posiciones políticas en el país, tanto de izquierdas como de derechas, que están ganando terreno con el agravamiento de la crisis. Al mismo tiempo, estamos observando de forma diaria el pánico bancario con retiradas de depósitos de los bancos helenos, por lo que no descartamos “el corralito” en este país.

Otro de los posibles temores es el posible contagio de esta crisis a Italia, al mismo nivel que España y que continúe el efecto dominó iniciado con Grecia, Irlanda y Portugal. Como recordarán, venimos avisando del efecto contagio que se produciría si nuestros banqueros políticos no adoptaban decisiones en tiempo y forma, y lamentablemente es lo que está ocurriendo.

Cada vez son más las voces que piden que se dé marcha atrás a esta obcecación de reducir gastos por parte de Alemania y una actuación del Banco Central Europeo comprando deuda de los países con problemas de financiación. La prima de riesgo está por encima de 500 (el lunes en 531) y no es sostenible a medio plazo.

Aspain 11 se une a este llamamiento donde hacen falta políticas conjuntas a nivel europeo para sacar al euro de esta espiral caótica. Se ha comenzado con un rescate a la banca “sin condiciones para el Estado”, pero necesitamos generar empleo y para ello creemos necesario que se reduzcan las cargas impositivas a empresas y familias. Si no queremos que el euro se resquebraje, necesitamos focalizarnos en conseguir todos una convergencia más real, tanto en el ámbito fiscal como económico en general, eso sí teniendo en cuenta que hay países, que como España, está en una situación límite y que no se puede ahogar a un país casi hundido. Nuestro país se está desangrando por toda la salida de capitales al extranjero, y que nadie sea ingenuo, la medida adoptada del rescate bancario, aunque va a ser bueno en el largo plazo, traerá consecuencias negativas con incremento de la prima de riesgo en el corto plazo. Es bueno que se cuente la verdad, pero deberían de mejorar nuestros máximos mandatarios la comunicación contando la verdad con las equivocaciones en las reformas financieras anteriores, y la falta de rapidez en instaurar medidas económicas.