El S&P 500 ha subido un 25,7 por ciento desde el 16 de noviembre del año pasado, lo que necesariamente nos lleva a preguntarnos: ¿Y ahora, qué? Los inversores que andan confusos con las noticias diarias sobre el infierno de la nula visibilidad venderán su renta variable, pero las frías estadísticas no dicen eso.

El efecto del impulso es la amenaza más peligrosa para cualquier inversor

Cuando la renta variable está en niveles altos, salen muchos bajistas de su guarida y empiezan a vaticinar a gritos el batacazo que está por llegar a la renta variable. Es ley de vida. Esta visión resulta perfectamente normal para los inversores que llevan la contraria, porque, al igual que ocurre con la gravedad, todo lo que sube, tiene que bajar. Por desgracia, la gravedad en los mercados financieros no es tan consistente como la que observan los científicos en la naturaleza. Para la gente corriente, las subidas de precios se traducen en una conducta psicológica de rebaño, del tipo de la “tulipomanía” en 1637 en Holanda, que se ve arrastrada a comprar o vender para capitalizar la tendencia. Los últimos descubrimientos en neurociencia han revelado muchas pistas del porqué de esta conducta humana. Se trata probablemente de uno de nuestros peores sesgos psicológicos, pero esa es otra cuestión.

El efecto del impulso incrementa la duración en horizontes a más largo plazo

El actual mercado alcista en el S&P 500 ya ha durado 37 semanas y este impulso de 37 semanas (cambio en el precio) supuso hasta el viernes pasado una subida del 25,7 por ciento. Si nos fijamos en los precios semanales desde 1949, ¿cómo se ha comportado el S&P 500 en la semana siguiente tras un impulso por encima del 25 por ciento en un periodo de 37 semanas seguidas?

En el gráfico siguiente vemos los registros de retornos de una semana tras un periodo de impulso por encima del 25 por ciento. Sin hacer el test, es fácil comprobar la auto-correlación, que se debe sin duda al periodo seguido y al efecto del impulso. El retorno semanal medio es cero, así que no hay ningún corte en un horizonte tan corto. El win ratio (retornos positivos de una semana en relación con las observaciones totales*) se sitúa en el 53,8 por ciento. Por tanto, predecir que el S&P 500 está en sobrecompra basándonos en que ha subido más de un 25 por ciento en las últimas 37 semanas no tiene sentido. El éxito de la apuesta sería aleatorio.





¿Qué ocurre si ampliamos el periodo de tenencia de la inversión a un mes tras un periodo de impulso del 25 por ciento? La auto-correlación de retornos se hace aún si cabe más persistente y crece la volatilidad del retorno acumulativo realizado. El retorno acumulado medio por mes es del 0,3 por ciento y el win ratio es del 59,9 por ciento. Así pues, cuando el impulso de 37 semanas se sitúa por encima del 25 por ciento, como fue el caso del S&P 500 el pasado viernes, el índice sube de media un 0,3 por ciento durante el mes siguiente. No obstante, la desviación estándar del retorno acumulado realizado es también del 3,6 por ciento, o dos veces el observado para la rentabilidad de una semana.




¿Qué ocurre si ampliamos el periodo de tenencia de la inversión a tres meses? Pues bien, la auto-correlación crece más si cabe al igual que la volatilidad del retorno acumulado realizado durante el plazo de tres meses. A pesar de la magnitud de los rendimientos negativos realizados tras el crack de 1987 en Wall Street, el retorno medio se mantiene en el 0,4 por ciento y el win ratio es del 61,3 por ciento. Ni que decir tiene que la volatilidad realizada sobre los retornos realizados se incrementa hasta el 8 por ciento, a saber más del doble de la observada para el periodo de tenencia de la inversión de un mes. No obstante, el crack del 87 se debió a circunstancias excepcionales, entre otras a los seguros de cartera, si bien también a la falta de disyuntores adecuados que enfriasen mercados que se abastecían a sí mismos. Si excluimos este caso del ejemplo, la estadística mejora considerablemente y confirma los efectos del impulso.



El aprendizaje que podemos obtener de este artículo es que tratar de pronosticar el máximo de un índice de renta variable casi carece de sentido. El problema es que nos enfrentamos a los efectos del impulso, que tienden a ser muy persistentes, cuando creemos que no caben nuevas subidas: la locura colectiva es un fenómeno fascinante. Por lo tanto, antes de incrementar la exposición corta en renta variable, es importante que recordemos que los efectos del impulso pueden ser bastante poderosos, mientras que las acciones son una clase de activo con tendencia positiva a lo largo del tiempo, por lo que, para triunfar, el plazo del que se dispone debe ser superior a la media.

* El número de observaciones es 216.