El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acosado por una recesión que está afectando su popularidad, ha apuntado su mira a las automotrices extranjeras, amenazándolas con nacionalizarlas y prometiendo aumentar la intervención en sus negocios en el país. El líder populista ha amenazado con expropiar una planta de ensamblaje de Toyota Motor si la automotriz japonesa no fabrica más vehículos para áreas rurales y no transfiere nuevas tecnologías y métodos manufactureros a su filial local. Chávez señaló que otras automotrices también eran culpables de no transferir suficiente tecnología, incluidas la estadounidense General Motors y la italiana Fiat, que controla a Chrysler Group.