Según un artículo publicado en cnbc.com los ordenadores están tomando una relevancia mayor de lo que a priori podríamos sospechar. Y es que en algunos casos, sin que las decisiones pasen por la autoridad humana, ordenadores toman decisiones en base a estructuras oracionales… o incluso emoticonos.
Según un artículo publicado por Graham Bowley en la página web cnbc.com, los ordenadores están tomando el control. Matrix ha llegado al mundo de las finanzas y algunas operaciones se están tomando por parámetros como emoticonos, o estructuras oracionales.
 
¿Cómo? Los programas interpretan, por ejemplo, un símbolo como este J como síntoma de que el mercado funciona bien. La decisión que se toma sobre como operar se hace en ocasiones sin intervención humana, con potentes ordenadores que revisan listas de mails, editoriales o incluso cuentas de Twiter.
 
Esto podría parecer una pesadilla para el inversor dada la tendencia de los sistemas informáticos a exagerar los altibajos, sin embargo, el experto asegura que en un marcado en el que la información es la materia prima mejor valorada, traders con las computadoras más rápidas y más inteligentes estarán siempre un paso por delante de sus rivales.
 
Muchos de estos robo-lectores consiguen mirar más allá de los números y analizar el sentimiento de mercado, ya que no sólo los números mueven los índices sino que comentarios y noticias pueden cambiar el estado anímico de los inversores y así del mercado.
 
Los nuevos sistemas van más allá del mero análisis gráfico de datos. Se trata de programas que reconocen estructuras oracionales. Por ello importantes referentes del mundo económico como Bloomberg, Dow Jones, o Reuters Thomson están adoptando la idea y ya ofrecen servicios que ayudan a este propósito.
 
Para ello, Dow Jones por ejemplo, ya trabaja con la universidad de Notre Dame y la de Columbia para compilar un diccionario en el que ya se recogen más de 3.700 palabras que denotan sentimiento de mercado; palabras como “fuerza”, “ingenio”, “ganador”… además estos sistemas son capaces de distinguir bueno, terrorífico o terroríficamente bueno.