En los últimos meses los mercados han sido presa de la incertidumbre sobre el crecimiento global por un lado y de los miedos exacerbados sobre la deuda soberana de los países periféricos de la eurozona por otro.
Sin embargo, y a pesar de la compleja situación en la que nos encontramos, los fundamentales de las compañías y de los bancos han mejorado en comparación con 2007. En cuanto a las empresas, sus condiciones financieras son sólidas, con un ratio promedio de deuda sobre renta variable del 45 % en contraposición al 70% de 2007. En cuanto a los bancos, han fortalecido su solvencia bajo la presión de los mercados, y continuarán haciéndolo gracias al impacto regulador de Basilea III. En esta situación se puede comprobar que el ratio de riesgo/retorno es más interesante que los cupones para construir una cartera de bonos diversificada. En un escenario que contempla la resolución de la crisis europea, es probablemente el sector bancario el que ofrece el mejor potencial de crecimiento.

Actualmente creemos que las rentabilidades en gran medida pagan el riesgo de quiebra (que ha caído desde 2008) y mantenemos nuestra sobreponderación en créditos. Respecto a nuestra asignación por sectores preferimos los bancos y en particular la deuda subordinada de los emisores de más alta calidad (por ejemplo BNP, Crédit Agricole, Swiss Life y Scor). Hemos aprovechado la crisis de la deuda soberana de los paises perifericos para invertir en emisiones corporativas de alto grado (empresas y bancos) que han sufrido en sintonía con la deuda soberana de sus países (por ejemplo BBVA y Abertis en España). Permanecemos a la defensiva en los bonos del estado, particularmente en el extremo corto de la curva de rendimiento, que ofrece poco valor y actualmente refleja una situación de estrés extremo.