Cuando los acreedores de una empresa en crisis instan su quiebra, para liquidarla y repartirse sus bienes, es frecuente que su parálisis sea total y esta situación minusvalore sus activos de una manera irrecuperable.
Por el contrario, si desde una óptica de colaboración se renuevan sus operaciones financieras, alargando el plazo, condonando una parte de la deuda y reduciendo los tipos de interés, puede que la empresa reoriente su rumbo, consiga reorganizase y termine pagando, pero ¿cómo logar esta segunda opción con los acreedores?
Todos pretenden cobrar por su cuenta con la esperanza de hacerlo antes que los demás y por el temor a quedarse el último con el convencimiento de que tienen mejores coberturas que el resto de acreedores pero está claro que esto son suposiciones, dado que la posición del resto se desconoce casi por completo.

Existen básicamente dos mecanismos, uno extrajudicial o pacto de caballeros, y el otro judicial y lo constituye la Ley Concursal.

Mediante el primer enfoque los acreedores logran dar un balón de oxigeno a la empresa de acuerdo con un plan que estará establecido y al cual habrán dado su previa conformidad. Se consigue que la empresa siga funcionando y se mantenga la posibilidad de recobrar el dinero invertido, vía financiación por las entidades financieras. Esta situación podría ser parecida al “dilema del Prisionero”: la empresa es el prisionero, evidentemente, y el policía son las entidades financieras u organismo prestamista.

La entrada en Concurso de Acreedores produce en la empresa el efecto comentado en la primera opción. Pocas veces se sale de esta situación a no ser que actúen dos elementos de por sí definitorios: uno es la importancia o volumen de lo que entra en esta situación y el otro son las variables de salida real de la misma. No es lo mismo hablar de grandes empresas de cualquier sector, en las cuáles hay involucradas importantes sumas de capital invertido, y a todos interesa tratar de solventar la situación, aunque sea aplazándola, para darse otra oportunidad de recuperar lo invertido y hablar de pequeñas o medianas empresas que la inclusión de avales personales de los propietarios, puedan hacer mejorable la situación, extremo que no se da en ningún caso en la primera opción.
En las grandes empresas, los bancos invierten arriesgando y en las pequeñas y medianas los que arriesgan son los empresarios.

Esta situación es similar a cuando un país no puede hacer frente a sus deudas, y puede entrar en bancarrota, porque sus ingresos son inferiores a su gastos y las perspectivas de reequilibrio no están claras, existiendo la posibilidad de no poder hacer frente a sus pagos, algo al respecto de estas cuestiones se está comentando actualmente en la Unión Europea. La deuda soberana corre el peligro de sufrir quitas que pueden ir desde el 50% en Grecia al 20% en España e Italia. Como todos sabemos, el que reduzcan o minusvaloren la deuda en un 20% supone una catástrofe para la banca que reduce en el mismo porcentaje - el 20%- el valor de estos activos. Por eso la contrapartida son los planes de recapitalización que se están proponiendo, pero ¿QUÉ SUPONDRA PARA LOS TENEDORES PARTICULARES DE DEUDA PÚBLICA , SOBERANA O COMO LA QUERAMOS LLAMAR? Para el ahorrador de a pie se les reducirá en el mismo % su aportación, o deposito.

Recientes debates promovidos por la canciller alemana Merkel, van en la línea de restaurar un mecanismo jurídico diferente al existente actualmente para el mercado de los bonos soberanos. Se trataría de que cuando un país necesite reestructurar su deuda soberana , los tenedores de esos bonos corran con los gastos que comporta esa operación y se asuma la minusvaloración. Menudo órdago está encima de la mesa, la cuestión se está ultimando. No se puede funcionar en un mercado cautivo y que los países en dificultades emitan bonos a tipos de interés muy interesantes para el mercado y que éstos implícitamente tengan el respaldo de la Unión Europea, porque piensan que nunca van a dejar que un país entre en bancarrota por mucho que se comente, en todos los medios, hasta ahora.

Entre las medidas que el Banco Central Europeo puso en marcha cuando la crisis financiera se intensificó estuvo, en Mayo del 2009, el anuncio de un programa de adquisición de bonos garantizados emitidos en la zona euro, que se mantendría hasta Junio del 2010. El objetivo de este programa era reactivar el mercado, que prácticamente se había agotado en términos de liquidez, emisiones y diferenciales a principios del 2010, cuando reaparecieron las tensiones en algunos segmentos de los mercados y más concretamente en los de deuda pública de la zona euro, concretamente por la sostenibilidad de las finanzas publicas de los países miembros, habida cuenta del incremento de emisiones y los déficits presupuestarios. Pero estas circunstancias han cambiado.

Ahora estamos en un túnel en el que la única salida es el concurso de acreedores “controlado”. Se van a realizar quitas seguramente de la deuda soberana de países como España, que van a desequilibrar a las entidades financieras, pero al mismo tiempo se va a facilitar su recapitalización con lo cual reequilibrarían su balance, pero ¿qué se dice de los tenedores privados? Seguramente serán los paganos de esta circunstancia que se asemeja a un corralito financiero como los conocidos.

Rafael Montava Molina
Consultor Empresarial