A modo de introducción nos gustaría definir dos variables básicas: La Deuda Pública que se considera la modalidad que utiliza el estado u otros poderes públicos o sus organismos autónomos, para obtener recursos financieros mediante la emisión de títulos valores; y Deuda Soberana que son bonos emitidos por el Gobierno Nacional.

El problema económico actual que ha estado en el foco de atención recientemente ha sido derivado de la incerteza de si los países serían capaces de hacer frente al pago de sus obligaciones financieras.

Esta noticia saltó a la actualidad con el caso particular de Grecia, en ese momento se desencadenó una reacción viral entre países que resultaron estar en condiciones similares a las que reunía Grecia. Fue el llamado grupo PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). Tras la intervención a Grecia los mercados se calmaron pero en unos meses resultó ser intervenida Irlanda (ambos países tras haber alcanzado un interés en la emisión de deuda pública del bono a 10 años del 7%). Ahora mismo Portugal es el que se ve amenazado con un interés en el bono a 10 años de 6.71, no decimos que sea razón ni suficiente ni necesaria esta para que el país sea intervenido pero si nos da una idea de el estado de confianza del inversor en bonos respecto a su situación.

Lo que nos hemos planteado aquí es la duda que pueden tener muchos de los inversores, ¿Cómo puede ser que la deuda japonesa suponga un 192.90% de su PIB y nadie se preocupe de esta cifra mientras que en el caso de Portugal (76.80% del PIB) o España (53.20% del PIB) siendo mucho menor esté constantemente en el punto de mira?

La respuesta quizás la podamos obtener a partir de diferentes factores: la tasa de crecimiento del PIB real y el porcentaje de ahorro de la población de un país. Aquí creemos que puede ser importante señalar que en el caso de España este es el peor de los males, ya que estamos en un país con un endeudamiento privado un 61% superior a la media europea y esto lo que provoca es que la población no disponga de recursos suficientes para poder afrontar la necesidad de liquidez del Estado o incluso hacer frente a políticas monetarias y fiscales severas. Así mismo la tasa de crecimiento también es un factor fundamental a tener en cuenta, puesto que, si un país tiene una potencialidad muy grande de ir mejorando sus niveles de PIB, esto le permitirá que gradualmente cada año este porcentaje se vea reducido y de esta manera más sencilla la devolución del capital junto con los intereses de forma progresiva.

Todo esto nos hace pensar que la situación del próximo condenado, nuestro vecino Portugal, es ciertamente preocupante ya que actualmente tiene una tasa de ahorro escasa con un músculo industrial frágil y sin ninguna fuente de recursos que le permita dar certeza a la devolución de las cuantías. Quizás también hay presiones internacionales que incitan a que el país sea intervenido ya bien sea a través del FMI o del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Otra posibilidad es que el periodo electoral que está viviendo el país actualmente pueda estar retrasando cualquier tipo de actuación por parte de organismos internacionales para evitar complicaciones añadidas a la situación actual

El fondo anteriormente citado es posible que se vea aumentado ya que recientemente y en palabras de Trichet tiene que ser mejorado cuantitativa y cualitativamente. Quizás podamos ver en esta hipotética ampliación una dotación de recursos necesaria para hacer frente a la potencial necesidad de España o simplemente un intento de otorgar a las mercadas calma y certeza.

Así que el panorama actual se mueve entre variables reales y especulaciones que hacen que los miedos corran a través de los diferentes países que con elevado % de deuda pública respecto de su PIB y sin capacidad de crecimiento o ahorro privado para hacer sostenible esa situación en el medio plazo. Y quizás por ello consideramos que los diferentes gobiernos en vez de llevar a cabo políticas excesivamente contractivos del gasto y de aumento de recaudación fiscal deberían poner sus esfuerzos en conseguir una economía competitiva la cual parte de poseer una capacidad industrial que favorezca el continuo crecimiento del PIB. Tras generar esta expansión económica, sería el momento de atender a los patrones de conducta ciudadana para fomentar en ellos el tipo de comportamiento económico adecuado para la correcta progresión de la economía nacional, pudiendo así conseguir un mayor % de ahorro privado.