La Agencia Internacional de la Energía aumentó el lunes su previsión de caída de la demanda mundial de petróleo a medio plazo, lo que sugiere que el impacto de la recesión y los esfuerzos por maximizar la eficacia energética podrían mantener a raya las subidas de los precios del crudo en el futuro.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) revisó hoy a la baja su previsión de crecimiento de la demanda de crudo y señaló que existe la posibilidad de una contracción mayor, aunque especificó que la amenaza de crisis sobre el suministro global ha retrocedido, no desaparecido. El organismo, que proporciona asesoramiento a 28 países industrializados, calcula en su informe anual a medio plazo que en un escenario económico de crecimiento del PIB mundial del 5%, la demanda de petróleo crecerá un 0,6% o 540.000 barriles diarios de media entre 2008 y 2014, hasta los 89 millones de barriles diarios.

La anterior previsión, emitida en diciembre, había previsto un crecimiento de un millón de barriles diarios entre 2008 y 2013. La agencia baraja otro escenario de un menor crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) mundial del 3% en 2012, según el cual la demanda se contraería en 140.000 barriles diarios a medio plazo.

El director de la institución, Nobuo Tanaka, quien presentó hoy en París el lanzamiento del informe sobre petróleo y de otro estudio sobre la evolución del mercado gasista, destacó que la crisis financiera global ha tenido "grandes implicaciones" para el sector gasista y petrolero.

"Dos años de contracción de la demanda en 2008 y 2009 reflejan la peor recesión económica en cerca de 50 años", explicó. Tanaka recordó que los precios del crudo se encuentran ahora en la mitad que en julio del año pasado, aunque destacó que en las últimas semanas están evolucionando al alza como consecuencia de la mejora de las expectativas económicas.

El ejecutivo advirtió que si los precios del crudo evolucionan demasiado rápido, esto dañará la recuperación económica, y destacó que tanto el mercado petrolero como el gasista afrontan "enormes incertidumbres" respecto al momento, ritmo y expansión de un rebote del crecimiento económico, que afectará a todos los pronósticos sobre la demanda durante los próximos cinco años.