El Congreso de EE.UU. votará finalmente a favor del incremento del techo de la deuda, sobre esto no hay prácticamente ninguna duda, de modo que no está en juego la solvencia del país y el riesgo de un incumplimiento con los pagos de la deuda sigue siendo próximo a cero.

Lo realmente grave y sobre lo que prácticamente no hay tampoco ninguna duda es que EE.UU. está a punto de perder su calificación AAA como consecuencia de un juego político que durante los últimos meses ha puesto en peligro la gobernabilidad del país, al menos hasta las próximas elecciones a finales de 2012, de modo que la capacidad de tomar decisiones difíciles pero necesarias en materia de consolidación fiscal se ha visto afectada y ha alterado las perspectivas de crecimiento. Esto es lo que están juzgando y van a castigar las agencias de calificación de riesgo. De modo que muy probablemente Estados Unidos llegará a un acuerdo para elevar su techo de gasto y, sin embargo, perderá la máxima calificación por al menos una de las tres grandes agencias de rating.

De modo que salvo suicidio político colectivo por parte del Congreso de los EE.UU., habrá acuerdo para elevar el techo de la deuda federal antes de la fecha límite que se ha fijado en el 2 de agosto por el Tesoro. Un acuerdo que sin embargo puede llegar demasiado tarde ahora que la situación se ha desbordado y el descontrol fiscal estadounidense es público y notorio, no dejando otra alternativa a las agencias de calificación que castigar el bochornoso espectáculo, en el que ni los demócratas ni los republicanos han sido capaces anteponer los intereses de su país por encima de su propio sistema político.

Una cuestión que era simplemente técnica y de mero trámite (el techo de la deuda se ha elevado decenas de veces en el pasado sin que nadie haya prestado la más mínima atención a este dato) se ha convertido ahora en el caballo de batalla de la lucha política para la precampaña de las elecciones presidenciales del año próximo en un Congreso dividido (mayoría republicana en la Cámara y una mayoría demócrata en el Senado). Así que mientras todos tienen la mirada puesta en su propio futuro político y polarizan el debate político, se han involucrado en una guerra de desgaste que lo único que desgasta es la credibilidad de los Estados Unidos.

Al margen de que la magnitud objetiva del problema es grande (el déficit del presupuesto federal es de alrededor del 10% del PIB, uno de los más altos del mundo, algo insostenible) lo que verdaderamente importa es que los EE.UU. adopten una estrategia creíble a medio plazo para la consolidación fiscal. Algo que no depende ni debe vincularse a una votación de último minuto, ni siquiera al próximo gobierno, porque aunque es una prioridad, no es una urgencia. Y ese es el tratamiento que se le está dando, con un debate de fondo más ideológico que práctico: los republicanos son hostiles a cualquier subida de impuestos y los demócratas a cualquier reducción drástica del gasto.

Y mientras tanto se está instalando en los consumidores estadounidenses y en las empresas una actitud de esperar y ver, lo que afecta a su comportamiento, frenando consumo, inversión y contrataciones, lo que aumenta el riesgo de deterioro del crecimiento en 2011 y 2012 en un momento en la economía real coquetea con un parón económico a las puertas de una nueva recesión. Y todo ello sin ni siquiera la certeza de que después de un acuerdo las autoridades políticas vayan a mantener un compromiso por la austeridad fiscal…

…Y sin embargo perderán la máxima calificación

Lamentablemente parece que la presión efectiva va a venir del lado de los inversores y del mercado, y nada va a impedir que, incluso con acuerdo, llegue la sangre llegue al río con la caída de una “A”. Porque no hay que olvidar que (independientemente de actuaciones muy cuestionables por parte de las agencias de calificación), la calificación de un país evalúa, además de su solvencia, su capacidad de aumentar los impuestos, cortar gasto excesivo y crear un entorno propicio para el crecimiento. De modo que el modo en el que se está desarrollando la negociación es muy significativo y la pérdida de la calificación de AAA se hace más probable a medida que pasa el tiempo, tato es así que quizás ya es demasiado tarde para evitarlo, porque es un hecho objetivo de que capacidad de maniobra de los EE.UU. se ha reducido en un momento en el que el país se enfrenta a decisiones fiscales difíciles.

Para finalizar, simplemente un apunte, y es que una rebaja desde AAA hasta AA no significa una diferencia significativa sobre el riesgo de impago de los EE.UU. Un cambio por lo tanto ante el que los inversores en la deuda de EE.UU. no van a reaccionar deshaciéndose en masa de sus bonos (entre otros motivos porque no hay ningún activo equivalente para sustituirlo). El efecto puede venir a corto plazo por una reacción negativa de los mercados de renta variable y una visión estructuralmente más negativa del dólar frente al resto de divisas.