Lo que suceda en los próximos días con Grecia, en proceso de negociación con la UE, el BCE, y FMI para tratar de desbloquear el siguiente pago de ayuda internacional por importe de 8.000 millones de EUR, resulta crucial para conocer el desenlace de la situación.
La duda de las instituciones internacionales es si el país intervenido es capaz de implementar nuevas medidas de austeridad para aproximar el déficit del país a las cifras acordadas en el rescate internacional. En este contexto, los últimos movimientos siembran dudas sobre el verdadero sentido de las conversaciones: ¿Se está tratando de desbloquear la ayuda internacional o se está hablando de los términos en los que ha de declararse un inminente default. Hoy mismo tendrá lugar otra videoconferencia que, sin duda y al igual que las anteriores, será calificada de "productiva" a pesas de la falta de concreción en los avances.

Entre las nuevas acciones que Grecia podría entregar a la troika a cambio de alargar la actual situación, se comenta un nuevo impuesto sobre la propiedad, recortes en los salarios públicos de al menos el 10% y acelerar el proceso de privatizaciones antes de fin de año. Monedas de cambio que deberían resultar suficientes para ganar tiempo y asegurar el pago.

Podríamos esperar algo de confusión o "ruido" informativo procedente de la situación política domestica en Grecia, al indicar las encuestas electorales una ventaja de la oposición (24%) frente al PASOK de Papandreu (20%), que todavía controla una mayoría parlamentaria de 154 escaños de un total de 300 y debería ser capaz de lograr la aprobación a las reformas exigidas desde las instituciones internacionales. No obstante el riesgo de una radicalización de las protestas y estallido de la situación no puede descartarse, aunque la opinión publica griega es contraria a un default y abandono del euro, cuyas posibles consecuencias despiertan autentico terror en el país. Desde este punto de vista y a modo de considerar los riesgos políticos de la operación, un referéndum, algo de lo que se ha hablado tímidamente los últimos días, complicaría el escenario y seria una muy mala noticia para la estabilidad europea.

De manera inmediata, no podemos perder de vista la fecha del 29 de septiembre, día en que el Parlamento alemán debe validar el acuerdo comunitario del 21 de julio sobre las nuevas capacidades del fondo de rescate europeo (EFSF). También está por conocerse el resultado de la participación privada en el rescate, que sin duda será inferior al objetivo del 90% de adhesión, estimando el consenso de mercado que quedará en una cifra próxima al 75%. De lograrse el desbloqueo del sexto pago, parece que la aprobación formal podría demorarse hasta el día 3 de octubre, coincidiendo con la reunión del Eurogrupo.