La FSA (Financial Securities Authority) ha bloqueado los planes de Royal Bank of Scotland de amortizar cuatro emisiones de deuda subordinada, para cumplir así con la premisa de la Comisión Europea de que los bancos rescatados no pueden utilizar dinero público para realizar pagos a sus accionistas o a los tenedores de deuda subordinada. A raíz de la crisis, el Gobierno británico se vio obligado a tomar un 70% de participación en RBS.