Hay quien dice que el MAB está de moda y que los inversores que compran acciones de empresas que salen a cotizar al MAB están pagando múltiplos superiores a los que se pagan en las empresas del continuo. Las dos cosas son ciertas y hay razones que lo sustentan.
En primer lugar el MAB es un mercado para aquellas empresas que han demostrado una capacidad de crecimiento, tanto en ventas como en beneficios, muy superior al resto de empresas, esto es especialmente relevante en un entorno de crisis en el que los competidores de estas empresas están sufriendo de manera especial en todas las magnitudes de sus balances.

Las empresas que salen al MAB son las empresas gacela, empresas con claras ventajas competitivas y con historias de éxito destacables. Son pocas, pero aquellas con este perfil que se animan a salir al MAB resultan muy interesantes para los inversores.

Una empresa que está creciendo con fuerza en un entorno adverso, es lógico que sea valorada por descuento de flujo de fondos (por su capacidad de generar riqueza) y, por tanto, se valore el posible crecimiento futuro que va a generar.

Pongamos como ejemplo la empresa Medcontech (la segunda que ha salido al MAB este año), tras su salida ha anunciado una multiplicación de su beneficio por nueve (+811%) en el primer trimestre del año respecto el mismo periodo del año anterior. Muy probablemente esta empresa en pocos años tendrá un valor claramente superior al precio de entrada y los inversores tendrán la satisfacción de haber entrado cuando todavía era una empresa pequeñita.

Otro factor que favorece e incrementa el valor es la propia salida a cotizar (el hecho en sí mismo), a partir de ese momento la empresa goza de muchísima visibilidad y notoriedad de marca, mejora el reconocimiento, la reputación y la visibilidad y ello le permite ser más atractiva para los clientes y generar mayor confianza a los proveedores y en los bancos: mejoran los días de cobro y pago, se reducen los diferenciales en la financiación bancaria, todo resulta más fácil. La empresa inicia un círculo virtuoso.

Cuando estas empresas cotizadas se plantean abordar oportunidades de crecimiento a través de adquisiciones tienen también un precio de referencia (el valor de cotización) que puede utilizar como instrumento de canje para comprar otras compañías con acciones.

El MAB sin duda representa una oportunidad para empresas que cumplen el perfil para salir a cotizar, les permite ganar en notoriedad y prestigio, mejorarán los órganos de gestión, ganarán en visibilidad, capturarán capital en un momento en que la liquidez es un tesoro, podrán remunerar a sus empleados o directivos con acciones, podrán emitir deuda y, sobre todo, podrán financiar su crecimiento hasta convertirse en una gran compañía.

Y los inversores (Sicavs y carteras gestionadas por la banca privada) tienen la oportunidad de actuar como capital riesgo, apostando por compañías únicas, que han demostrado capacidad de crecer a grandes tasas en un durísimo entorno de crisis y que, por tanto, parecen apuestas ganadoras.