Nuevo año y mismo dilema: el Banco Central Europeo (BCE) se halla paralizado entre los peligros inflacionistas y una economía que pierde velocidad en la Eurozona, lo cual posiblemente le obligue a mantener sus tasas de interés en 4% en su reunión de este jueves. Los 30 economistas del panel AFP/Thomson Financial News creen que el BCE mantendrá el status quo. 'El discurso será fuerte, pero no habrá cambio' de tasas este jueves, predijo el experto en el BCE del Commerzbank Michael Schubert, al resumir el sentimiento general.
El presidente del BCE, Jean Claude Trichet, probablemente insista nuevamente en los riesgos de inflación, como ya hizo el sábado. El consejo de gobernadores 'está dispuesto a contrarrestar los riesgos alcistas que pesan sobre la estabilidad de los precios', afirmó, una manera de amenazar indirectamente con un endurecimiento de las condiciones de crédito en la Eurozona. Los peligros de un alza de los precios aumentaron desde la última reunión del consejo de gobernadores hace un mes. Los precios al consumo, alimentados por el petróleo caro y la subida del precio de los alimentos, alcanzaron en diciembre su mayor nivel en seis años y medio, con un alza de 3,1% interanual. El margen de tolerancia del BCE es de poco menos de 2%, a mediano plazo. El precio del barril de oro negro superó por primera vez en su historia el umbral simbólico de los 100 dólares a comienzos de enero. Los sindicatos, además, consideran legítimo pedir mayores alzas salariales. Es el caso en Alemania, primera economía de la Eurozona. IG Metall, la influyente central de la metalurgia, reivindica un 8% de aumento salarial para los trabajadores del acero, y Verdi, su homólogo en los servicios, reclama lo mismo para los funcionarios del Estado y de las comunas. Si se generaliza el movimiento al alza de los salarios, en Francia por ejemplo, donde se debate por todos lados el poder de compra, el aumento de los precios considerado provisional se tornará duradero. Y para el BCE, es un escenario catástrofe. En tiempos normales, el BCE ya habría aumentado sus tipos de interés directrices. Pero en septiembre, aplazó sine die su proyecto de una novena alza de las tasas a raíz de la crisis de créditos hipotecarios de riesgo en Estados Unidos ('subprime') y el derrumbe de los mercados financieros. Sólo un puñado de los economistas del panel creen en su capacidad para imponer un ajuste de las tasas en los meses venideros, porque la economía de la zona euro da señales de desinflarse, estadística tras estadística. El nuevo retroceso del índice de confianza económico, publicado el lunes por Eurostat, lo confirmó. Y las malas cifras sobre el desempleo en Estados Unidos difundidas el viernes reactivaron las especulaciones sobre un nuevo recorte de las tasas de la Reserva Federal (Fed) para ayudar a una economía estadounidense en problemas. Esto fortalecería sin duda otra vez el valor externo del euro, en detrimento de los exportadores europeos y de la Eurozona en su conjunto. Durante el año, el BCE 'probablemente se inquiete cada vez más por el desempeño económico (de la zona euro), y menos por los riesgos inflacionarios', estimó Schubert. Entonces podrá adoptar una decisión, y esta será posiblemente una baja de las tasas a fines de 2008, consideró. La mayoría de los economistas del panel apuesta al menos por una flexibilización de la política monetaria este año.