El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) se reúne mañana en Fráncfort para concretar las modalidades técnicas de la compra de hasta 60.000 millones de euros en cédulas hipotecarias garantizas. La adquisición de estas cédulas se acordó en mayo y según anunció entonces el presidente del BCE, Jean Claude-Trichet, la definición de las modalidades técnicas de esa medida "no convencional" ocupará las deliberaciones de los gobernadores mañana.
No habrá por tanto decisiones sobre tipos de interés, a los que ya se aplicó un nuevo recorte en mayo, ni medidas adicionales para aliviar las tensiones crediticias o corregir tendencias en el cuadro macroeconómico de la eurozona.

La sesión que celebrarán mañana los gobernadores del Eurosistema no será, sin embargo, de trámite pues hay fuertes divergencias en el seno del consejo sobre dónde encasillar la compra de cédulas.

La discusión, más que técnica será altamente política, pues el consejo está dividido entre quienes consideran que la compra de cédulas hipotecarias es parte de la política monetaria del BCE y los que consideran la misma como un instrumento de apoyo a los mercados.

La diferencia entre los partidarios de la "centralización" de esta operación y la "descentralización" de la misma estriba en el grado de riesgo a asumir por cada banco en la eurozona.

En el primer caso, los riesgos serían compartidos, mientras que en el segundo sólo deberá asumirlos el banco central en cuestión.

Para los gobernadores más ortodoxos, mantener esta operación "no convencional" fuera del arsenal de medidas "propias" BCE supondría, además, preservar la entidad, en un momento además en el que líderes como la canciller alemana Angela Merkel cuestionan la independencia y el insólito activismo de las autoridades monetarias.

Merkel considera que las medidas no convencionales del BCE -incluida una provisión de liquidez a los bancos sin límite- van demasiado lejos y podrían ser la causa de una próxima burbuja.

En el caso de la compra de cédulas hipotecarias, medida que el consejo de BCE tomó por consenso y no unanimidad, como suele ser el caso, beneficia precisamente a Alemania, seguida de Francia y España, los países que más cédulas emitieron en los últimos años.

Si el consejo de gobierno del BCE supera los escollos de esta discusión política, los aspectos técnicos de la compra de cédulas anunciada en mayo serán fáciles de poner sobre el papel en tanto que la operación no se presume especialmente compleja.

En los mercados hay curiosidad, sin embargo, por conocer detalles como plazos de vencimiento de las cédulas a adquirir y sobre todo si los 60.000 millones de euros que el BCE destinará a esa operación se emplearán en cédulas hipotecarias existentes o por emitir.

El mero anuncio de la medida, destinada a reactivar un segmento del mercado especialmente castigado por la crisis, ya tuvo efectos.

Según fuentes bancarias citadas por el diario "Financial Times Deutschland", sólo en mayo se emitieron en la eurozona nuevas cédulas hipotecarias por valor de 16.000 millones de euros.

El Deutsche Bank, primer banco en activos de Alemania, anunció hace unos días que, ante el aumento de la demanda detectado, este año sacará al mercado nuevas cédulas hipotecarias por un valor aproximado de mil millones de euros.

La reunión mañana del consejo coincidirá con la difusión de las nuevas previsiones económicas del BCE para la eurozona, pronósticos que, según dijo Trichet, se parecerán mucho a los ya divulgados por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por otra parte, la oficina comunitaria de estadística, Eurostat, informó hoy de que la economía de los países del euro cayó el 2,5 por ciento en el primer trimestre de 2009, mientras que en el conjunto de la Unión Europea (UE) el desplome fue del 2,4 por ciento.

Además, los precios de la producción industrial bajaron en abril un 1 por ciento en la eurozona y un 1,1 por ciento en la UE.

Los datos se mantienen dentro del análisis económico que el BCE hizo en mayo, cuando decidió recortar el tipo de interés en 25 puntos básicos, hasta el 1 por ciento.

Trichet no ve necesario un nuevo recorte, pues ese 1 por ciento "es un nivel apropiado a las circunstancias actuales", es decir a la mayor recesión económica desde la II Guerra Mundial