El grupo francés Eiffage, objeto de una opa hostil de su primer accionista, el español Sacyr, no es hostil a una toma de control por un inversor, pero condicionada a que se mantenga como pivote central la participación de los trabajadores en el capital y a que se conserve la unidad de todos sus negocios.
Esta es una de las ideas desarrolladas por el director general de Eiffage, Benoît Heitz, en una entrevista publicada hoy por "Les Echos", en la que subraya que la batalla jurídica que mantiene con Sacyr es responsabilidad de la constructora española, que a su juicio ha pretendido modificar la estrategia de su empresa. "Esta batalla jurídica no la hemos decidido nosotros: resulta de las acciones iniciadas al otro lado de los Pirineos que pretenden esquivar las reglas del mercado", señala en referencia a Sacyr, que tiene el 33,2% de su capital y ha lanzado una oferta sobre el 100%, que está impugnada por la dirección de Eiffage ante la Autoridad de los Mercados Financieros (AMF), que debe pronunciarse esta semana. La recriminación de Heitz al grupo de Luis de Rivero es que "a partir del momento en que Sacyr Vallehermoso quiere cambiar la estrategia de nuestro grupo y tomar el control, debe pagar su precio y a todos los accionistas". Se refiere así de forma indirecta a otros 89 accionistas españoles de Eiffage, que tienen el 17,5% de su capital, y a los que la mesa de la junta privó de sus derechos de voto en la asamblea celebrada el pasado mes de abril tras acusarlos de actuar de forma concertada con Sacyr. "Estas operaciones de toma de control rampantes son inaceptables y corren el riesgo de afectar gravemente la credibilidad de la plaza de París si los actores de la plaza de París y las autoridades no las tratan adecuadamente", argumenta el director general de la compañía francesa. Preguntado sobre si considera que Eiffage puede permanecer independiente, Heitz asegura que no son "hostiles a un inversor que respetara dos principios", el primero que los empleados accionistas, que controlan el 22% del capital, deben mantenerse como "el pivote central" de la empresa. El segundo es "el modelo integrado de concesionaria-constructora" gracias al cual Eiffage consiguió hacerse con el proyecto del viaducto de Millau, cuyo peaje explota después de haberlo construido. "Necesitamos todos nuestros negocios en todos los países de Europa para responder a las fluctuaciones de la actividad", subraya Heitz, que a ese respecto duda de la sinceridad de Sacyr, que ha asegurado que tiene intención de mantener la cohesión de Eiffage y no proceder a la venta de una parte de sus activos si consigue hacerse con el control. En cuanto a los proyectos para el futuro, el director general explica que han presentado su candidatura para la construcción de la línea de tren de alta velocidad entre Tours y Burdeos, y que también tienen planes para construir en Francia hospitales, Gendarmerías, el zoo de Vincennes o un estadio en Lille. En cuanto a las infraestructuras, cita igualmente la concesión de la autopista A65, así como otros proyectos en Alemania o Europa del este. Más allá del dictamen que la AMF debe emitir para validar o no la opa de Sacyr sobre Eiffage, las dos empresas han llevado su contencioso ante los tribunales y mañana mismo el Tribunal de Apelación de Versalles juzga, por el procedimiento de urgencia, el recurso presentado contra el grupo francés por el español Rayet, uno de los 89 accionistas privados de derecho de voto. El jueves, el Tribunal de Comercio de Nanterre examina las demandas de Sacyr y otros accionistas españoles contra esa privación de derechos de voto.