El dólar y el yen se fortalecían ya que los inversores reducían su exposición al riesgo debido a los crecientes miedos a una recesión económica, extendidos por la reciente inestabilidad del mercado financiero. Mientras la aversión al riesgo aumenta, el dólar se fortalece gracias a su condición de divisa refugio y el yen se beneficia del abandono de las 'carry trades' (cuando los inversores piden dinero prestado en economías con bajos tipos de interés para invertirlo en otras de tipos más elevados), operaciones que lo han mantenido débil en el pasado.