Al son de la evolución de los mercados, de la situación económica y en definitiva, del escenario de fondo, las preferencias de los inversores van variando. Como podrán imaginar, en tiempos de incertidumbre, de dudas y de inestabilidad económica, los inversores ponderan los activos refugio. Por el contrario, en los momentos de estabilidad económica y cuando en general domina un escenario de tranquilidad, los inversores ponderan los activos de riesgo como la renta variable.
Para analizar las preferencias, podemos recurrir al ratio oro contra S&P 500. De modo que cuando el ratio avanza posiciones, confirma la preferencia del oro sobre el S&P 500 y por el contrario, cuando cede posiciones, nos indica la preferencia por los activos de riesgo, como el S&P 500, sobre el oro.




Como pueden observar en el gráfico anterior, a finales de abril de 2.010 el S&P 500 cotizaba en las inmediaciones de los 1.220 puntos. Desde allí tuvo lugar un movimiento bajista que se mantuvo vigente hasta que a principio de septiembre, el índice logró superar con éxito la línea de tendencia bajista que había guiado los movimientos del índice. Coincidiendo con ese movimiento bajista en el S&P 500, el ratio oro contra S&P 500, reaccionaba al alza iniciando un movimiento que a fecha de hoy aún continúa vigente.



Así, a pesar de que la renta variable americana lograba escalar posiciones de forma firme y conseguía superar la tendencia bajista iniciada en abril del presente año, el ratio que compara el movimiento del oro sobre el S&P 500, se mantenía firme, respetando y manteniendo intacta la tendencia alcista con origen en abril.

No obstante, aún hay algo más sorprendente y es que en abril de 2.010 el S&P 500 dejaba máximos en los 1.219 a la vez que el ratio marcaba mínimos en los 0,9296. Casi 6 meses después, el S&P 500 ha materializado un viaje de ida y “casi vuelta” y ahora cotiza a un 2,96% de los máximos de abril. Si observamos la evolución del ratio, veremos que solo hay viaje de ida. De hecho, el ratio está muy alejado de los mínimos que dejaba en abril, concretamente, se encuentra un 19,52% por encima de los mismos.

En conclusión, podríamos decir a diferencia de lo que suele ser habitual, los avances de la renta variable no han restado protagonismo al activo refugio por excelencia, el oro. Eso, nos indica que los inversores siguen advirtiendo un horizonte caracterizado por las complicaciones. Es por ello que sus preferencias se mantienen firmes, pues siguen con evidentes dudas sobre lo que nos espera en el medio plazo y para ello ponderan el oro, un activo que les permitirá preservar su riqueza aún en los momentos más difíciles.