A no ser que la troika apruebe un nuevo plan de ayuda en su reunión del 30 de Mayo, Grecia solamente tiene liquidez para dos meses.
Nada grave si no fuera porque el principal afectado por una hipotética quiebra de dicho país es el Banco Central Europeo, que ha aceptado durante los últimos meses todo tipo de colaterales y garantías de baja calificación (o incluso sin calificar) por parte de los bancos griegos, portugueses, irlandeses y españoles… Un escenario de partida que abre la puerta a una reacción en cadena en caso de quiebra y reestructuración.

Las consecuencias de una reestructuración de la deuda griega en este momento son de tal magnitud que los socios europeos no tienen otra alternativa que proveer un nuevo rescate y retrasar una solución más duradera al problema griego:

1. Todos los bancos griegos pasarían a ser insolventes y serían inmediatamente nacionalizados, estableciendo limitaciones a la retirada de depósitos, a modo de “corralito”.
2. Ante las protestas sociales y sensación de pánico entre la población, el Gobierno establecería el toque de queda e incluso la ley marcial en caso de protestas violentas.
3. El dracma sufriría una devaluación de hasta el 70% y un impago equivalente para todas las deudas denominadas en euros.
4. Los ciudadanos de Irlanda y Portugal colapsarían sus propios sistemas bancarios con la retirada masiva de depósitos ante el temor a una situación similar.
5. Las pérdidas sufridas por los bancos franceses y alemanes serían suficientes para hacerles incumplir los requerimientos de capital mínimo, necesitando rescates públicos.
6. Técnicamente el Banco Central Europeo, dada su elevada exposición a Grecia, pasaría a ser insolvente.
7. Francia y Alemania deberían recapitalizar el BCE o aprobar la impresión de moneda de manera masiva.
8. La situación creada representaría una auténtica carnicería para la banca española y amenazaría a su vez a la banca británica.

Ante dicha posibilidad, la decisión más conveniente para los intereses de la UE y del Euro pasan por llegar a un acuerdo para un segundo plan de rescate, por un importe que podría rondar los 60.000 millones de euros durante los próximos dos años. Este importe puede ser ahora cubierto por el EFSF (European Financial Stability Facility), fondo que recibió la aprobación de todos los países europeos en Marzo de este año, y no requiere de un nuevo acuerdo de ese rango. Conviene recordar que este fondo tiene la capacidad de comprar deuda griega en el mercado primario.

En definitiva, no hay solución definitiva y parece razonable adoptar la menos mala de las opciones, que pasa por realizar un nuevo rescate y retrasar la necesaria reestructuración de la deuda griega a un momento en el que el riesgo de contagio no sea tan alto. Estaremos pendientes de la reunión de la troika (FMI, BCE, Comisión Europea, 30 de Mayo) y el Consejo Europeo de Jefes de Estado (24 de Junio).