La subida que han experimentado los precios al consumo, parece haber cruzado la línea del mal. En las economías desarrolladas, ha sido Europa la primera economía que ha trasladado esas preocupaciones en materia de política monetaria. La primera subida de tipos en dos años tuvo lugar a principio de abril y pese insistir que “esta subida de tipos no tiene porque ser la primera de un ciclo monetario restrictivo”, Trichet dejó claro que su objetivo de mandato es una inflación al 2%. Así, en la medida que continúe el encarecimiento de los alimentos y el petróleo, en la medida que las expectativas de inflación se desvíen de ese 2%, no descartamos más subidas; eso si, de carácter gradual.

Con este cambio de escenario, son muchos inversores los que se preguntan cómo pueden favorecerse de esas paulatinas subidas de tipos.

Tradicionalmente, los movimientos en tipos de interés han tenido un impacto directo sobre los depósitos a plazo fijo. Sin embargo, el inversor de perfil más prudente, probablemente no perciba el traslado de esa gradual subida de tipos en esta ocasión. Las necesidades de liquidez, obligaron en el pasado a las entidades del país a ofrecer tipos muy superiores al precio oficial del dinero. Ahora, este proceso de subida de tipos, debería servir para corregir y reducir ese diferencial entre el precio del dinero y el ofertado en las entidades. Tan solo cuando ese diferencial entre tipo oficial del dinero y tipo ofertado por la entidad sea mínimo, se trasladará a los depósitos esas probables subidas de tipos. El caso de las letras del tesoro, tampoco parece atractivo dado que se esperan nuevos capítulos de crisis periférica.

Para aquellos inversores de perfil medio, si parece atractivo ponderar las carteras hacia fondos de bonos ligados a la inflación, que se benefician de las subidas que experimenta la inflación, y también hacia fondos de retorno absoluto con duraciones reducidas que son menos sensibles a las subidas de tipos.

Sin embargo, para aquel inversor de perfil más agresivo, para aquel que está dispuesto a asumir un mayor riesgo en beneficio de una mayor rentabilidad, pensamos que la renta variable es la mejor opción y no puede fallar en las carteras de estos inversores. Eso si, el inversor de este perfil, debe contar con un asesoramiento o conocimiento profundo del mercado, que le permita aprovechar tanto los movimientos al alza cómo a la baja. Y finalmente, fundamentalmente para este tipo de inversor, parece interesante mantener la inversión en oro (y plata). Este activo, además de ser el activo refugio por excelencia, suele estar correlacionado positivamente con la inflación. De modo que, además de protegernos de nuevos capítulos de inestabilidad, también servirá para protegernos de las subidas de tipos.