En aquella operación, un grupo de 45 empleados del Barclays con Stephen King, jefe de la división del comercio de hipotecas, dejó el banco y montó su propia compañía, llamada C12, que adquirió los activos en cuestión. El valor de las acciones de Barclays se ha multiplicado por ocho desde enero aunque, a 377 peniques al cierre del viernes, se siguen cotizando por debajo del valor libro mientras que las de otros bancos rivales como HSBC o Stgandard Chartered se negocian con una importante prima.

Fuentes próximas al banco dijeron al periódico que Barclays estudia dos opciones para la venta de sus activos: una réplica de la maniobra anterior, que consistiría en la salida del banco de un grupo de "traders" con la correspondiente cartera de activos, o, alternativamente, la venta de éstos a alguien de fuera.

La cartera la componen obligaciones de deuda colateralizadas, tipo de activos que no han encontrado fácilmente compradores, con excepción de JP Morgan, que se ha dedicado a absorber todos los que ha podido durante el último año. La venta a alguien externo al banco sería más atractiva para Barclays porque la valoración de ese tipo de obligaciones colateralizadas ha aumentado últimamente hasta el punto de haberse negociado en los casos de triple A entre setenta y muchos y ochenta y pocos centavos por dólar frente a sólo sesenta o setenta centavos hace unos meses.