Netflix ha marcado récords en Bolsa tras sus resultados del segundo trimestre, a pesar de los elevados múltiplos a los que ya cotizaba… para Morabac una muestra más de que la “segunda ola de la revolución de Internet no pierde momentum”, por lo que no debe ser ignorada por los inversores.

Máximos históricos para Netflix tras sus cifras trimestrales. El valor acumula unas ganancias cercanas al 49% en lo que llevamos de 2017, que ascienden al 114% si ampliamos el plazo a los últimos 12 meses.

Sin duda, el representante perfecto de este ‘nuevo’ sector tecnológico imparable, que ha llevado al Nasdaq a mantenerse, a pesar de las dudas sobre una nueva burbuja, como mejor selectivo occidental del año: sube más de un 18%.

Récords, destaca Aleksandra Tomala, CFA y miembro del equipo de Research y Estrategia de Morabanc, a pesar de que cotiza a un PER a 12 meses de 115 veces. “Una muestra más de que la segunda ola de la revolución de Internet (la primera fue la de los años 1990, que finalizó con la burbuja de las puntocom) no pierde momentum y de que no podemos ignorarla a la hora de tomar decisiones de inversión”.

Pero, ¿qué es exactamente esta segunda ola? “La nube, redes sociales, Internet de las cosas, streaming de música y vídeo… todo eso: la inmensa ampliación del uso de Internet”, apunta.

Con todo, esta experta no se queda ahí y llama la atención sobre lo que le parece más revolucionario de la “Red de redes”, que no es otra cosa que el cambio que ha hecho de la expresión “economía colaborativa. Ya no se trata de las cooperativas características para Europa del Este, que, al no tener en cuenta la demanda, siempre fabricaban o poco o demasiado (con lo cual en las tiendas en Polonia siempre sobraba vinagre y faltaba papel higiénico). Ahora significa la optimización de recursos propios, compartiendo/vendiendo cosas que no usamos, todo ello, a través de la nueva generación de aplicaciones”.

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Hoy en día, continúa, “podemos muy fácilmente compartir nuestro coche (BlaBlaCar, Uber, Lyft) o piso (AirBNB, Couchsurfing). Podemos también vender prendas de ropa que no necesitamos, prestar dinero, solicitar la reparación del aire, enseñar idiomas… sin  intermediarios prescindibles”.

Invertir en economía colaborativa

En este contexto, recuerda que uno de los enfoques empleados a la hora de invertir en renta variable es la búsqueda de temáticas con potencial de crecimiento secular, esto es, independientemente del ciclo, como el coche autónomo o la ciberseguridad.

“La economía colaborativa encaja perfectamente y, además, invertir en ella sería un hedge contra el efecto deflacionista que ella misma produce. El problema es que ninguna de las compañías mencionadas cotiza”, señala…

Reconoce que “no hay una manera pura de ‘jugar’ a ella”. Es más, advierte que algunas de las cotizadas con exposición a esta ‘tendencia’ tienen “más pinta de ser perdedoras: ¿Comprar acciones de Expedia o Priceline (portales de reserva de hoteles) para replicar AirBNB?”, se pregunta.

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Sí, las Bolsas sufren “escasez” de exposición a esta temática, con lo cual, aconseja, “puede ser muy interesante buscar la economía colaborativa dentro del mundo de private equity (si somos Qatar, podemos hablar directamente con Uber; en caso contrario, tendremos que buscar un vehículo de inversión). Y si no, siempre queda la opción de ponerse corto de petróleo, que el último mes, a pesar de la OPEC, de los buenos datos macro y de Corea del Norte, rompió todos los soportes y nos hizo ejecutar el stop loss”.

Como muestra, un botón: “Durante los últimos cinco años el interés en Uber y AirBNB ha coincidido con el bear market en el crudo. Si pensamos en cómo la economía colaborativa puede maximizar la (re)utilización y minimizar los costes (de transporte, energía, fabricación), a lo mejor tiene sentido”.

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