La semana pasada les hablaba de los últimos datos publicados en USA que muestran como las familias norteamericanas han comenzado de forma progresiva a aumentar su endeudamiento, algo que ha sido considerado de forma positiva por la Fed por:



1. Supone un indicio claro de normalización del crédito

2. Mejora las perspectivas de los agentes, tanto desde el sector financiero como de las propias familias



Pero, ¿no inquieta el nuevo proceso de apalancamiento cuando aún discutimos sobre los riesgos de la elevada deuda? Las crisis sirven para realizar ajustes; la nueva deuda simplemente significaría que la Crisis como tal está ya superada.

Sólo unas cifras: desde la segunda mitad de 2013 la deuda de las familias norteamericanas ha aumentado en 550 bn. $. Los 11.83 bn. $ aún quedan por debajo del máximo observado a finales de 2007 cercano a los 13 bn.



Ya les entiendo: ¿y en términos relativos? Mi hijo pequeño está aprendiendo lo que hay detrás de las fracciones: numerador como una parte de un todo, que supone el denominador. Así, la deuda de las familias norteamericanas se acerca a niveles del 92 % del PIB desde los máximos en 2007 de 115 %. No sólo es que la subida de la deuda bruta en términos nominales aún esté por debajo de los niveles de 2007, también es que el producto ya supera también al nivel de aquel año.



Pero, la Fed también puede estar tranquila ante este aumento de la deuda si considera la importante revalorización del patrimonio de las familias norteamericanas. Con más de 95 bn. son un 16 % más altos que los existentes antes de la Crisis. ¿Qué en estos datos ha influido mucho la propia Fed con sus políticas no ortodoxas? Sin duda. De hecho, aún lo hace al mantener los tipos de interés en niveles nulos y aplazar en el tiempo el ajuste de su balance. La riqueza neta de las familias, en términos de su renta disponible, se eleva hasta el 600 % (660 % antes de la Crisis).



¿Están más reconfortados tras todos estos datos? Seguro que sí. Pero, yo les recomiendo que ante una tesitura de estas características pensemos no tanto en que todo puede ir bien en el futuro como en qué puede ir mal. Una pregunta de este tipo es siempre muy sana, algo que falló a la hora de anticiparnos la Crisis. Sí, ¿qué puede ir mal? Piensen en ello. Yo por mi parte, les recordaré esta pregunta de vez en cuando.



Las familias norteamericanas aumentaron su deuda en 117 bn. $ durante el Q4 del año pasado.

Supone un aumento del 1.0 % sobre el saldo total, que alcanza ahora 11.83 tr.

El aumento de la deuda de las familias ha superado los 306 bn. en un año.



http://www.ny.frb.org/newsevents/news/research/2015/rp150217.html



Un aumento de la deuda presenta en general una lectura positiva en un momento como el actual: desde una mejora de las perspectivas económicas a futuro de las familias que les lleva a endeudarse y la constación de que la financiación es factible. Por la banca. Ya sabemos que la financiación desde el mercado lo es.







El 70 % de la deuda total de las familias está materializada en préstamos hipotecarios. Y el aumento de estos en el año ha supuesto el 39 % del total de incremento de la deuda.

Mientras, la deuda de estudiantes (9.8 % del total) y para la compra de autos (8.07 %) suponen respectivamente el 25 y el 30 % del aumento de la deuda en un año.



Lo llamativo es que son precisamente la deuda a estudiantes y para la compra de autos las que han seguido mostrando aumentos de la morosidad, especialmente en el caso de la deuda de estudiantes donde la tasa de morosidad casi triplica la media del promedio.



Algunos miembros de la Fed están mostrando una creciente inquietud por el deterioro de la cartera de la deuda de estudiantes. No tanto por el momento sobre el balance de la banca como por lo que subyace en estos datos: empleos de menor nivel salarial a lo esperado, dificultad en la formación familiar y en la adquisición de vivienda. De hecho, pese al dato de deuda hipotecaria lo cierto es que las nuevas originaciones de hipotecas se mantienen en niveles bajos desde una perspectiva histórica reciente.





José Luis Martínez Campuzano

Estratega de Citi en España