Después de las fuertes correcciones que ha experimentado bitcoin y de un periodo marcado por la volatilidad, ¿en qué momento del ciclo se encuentra actualmente el mercado de las criptomonedas? ¿Estamos ante una oportunidad de entrada a largo plazo o todavía existen riesgos de nuevas caídas importantes?
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Creemos que estamos finalizando el mercado bajista y empieza a verse la luz al final del túnel. Durante el último año, desde octubre del ejercicio anterior, hemos registrado caídas superiores al 50% en Bitcoin y al 80% en otras criptomonedas. Hemos detectado una salida muy acusada del inversor minorista, que ha rotado su capital hacia otras narrativas como la inteligencia artificial, SpaceX o recientes salidas a bolsa.
En contraste, desde la óptica institucional sí hemos observado acumulación mediante los ETF. Actualmente existe una divergencia notable entre las cotizaciones, que han corregido significativamente, y los fundamentales de mercado: la red de Bitcoin tiene un uso creciente consolidado como “oro digital” mejorado, el volumen de stablecoins se encuentra en máximos históricos y la tokenización de activos reales también marca récords. Por todo ello, consideramos que es un punto de entrada óptimo para incorporar el activo en cartera.
Las decisiones de los bancos centrales, la evolución de los tipos de interés y la liquidez global siguen condicionando los activos de riesgo. ¿Hasta qué punto depende hoy bitcoin de la política monetaria estadounidense? ¿Ha conseguido consolidarse como un activo con dinámica propia o continúa comportándose como una inversión de alto riesgo vinculada a la bolsa tecnológica?
La correlación de Bitcoin con las variables macroeconómicas y el resto de activos financieros es sumamente dinámica. En determinados periodos cotiza como un activo de riesgo con beta equiparable a la renta variable tecnológica, mientras que en otros momentos actúa como valor refugio.
Mantiene una dinámica propia que lo desmarca de los activos tradicionales. Al no correlacionar de forma directa ni con la renta fija, ni con la renta variable, ni con el oro o el dólar estadounidense, añadir una pequeña asignación porcentual optimiza notablemente la cartera global.
La banca tradicional continúa aumentando su presencia en el ecosistema de los activos digitales. ¿Está cambiando realmente la entrada de los inversores institucionales la naturaleza del mercado cripto? ¿Puede contribuir a reducir su volatilidad o, por el contrario, aumenta su exposición a los riesgos del sistema financiero tradicional?
El entorno regulatorio está evolucionando de forma sustancial. En A&G Global Investors llevamos analizando el ecosistema cripto desde 2015 y hemos atravesado eventos de estrés como los colapsos de FTX, Celsius o BlockFi. Hoy la situación es diametralmente opuesta: estamos presenciando una clarificación normativa con la entrada en vigor del reglamento MiCA en Europa y avances legislativos como la GENIUS Act en Estados Unidos, lo cual aporta certidumbre al inversor institucional. De hecho, jurisdicciones como Luxemburgo, donde antes los fondos no podían dar cabida a criptoactivos, ya cuentan con la autorización de su regulador para hacerlo.
En el caso de nuestro vehículo (Criptomonedas FIL),la CNMV determinó inicialmente su comercialización exclusiva para inversores profesionales, pero con el nuevo marco ya se contempla su acceso al inversor minorista. El regulador entiende que el inversor particular cuenta con mayores garantías bajo gestión delegada profesional y custodia cualificada que operando por su cuenta en plataformas de intercambio minoristas.
En relación con la volatilidad, la institucionalización ha rebajado su dispersión: hace una década la volatilidad anualizada de Bitcoin rondaba el 93%, mientras que actualmente se sitúa en torno al 43%. De hecho, el 57% de las compañías integrantes del S&P 500 registran una volatilidad superior a la de Bitcoin, evidenciando una progresiva maduración del activo.
En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, las decisiones de los bancos centrales y las dudas sobre el crecimiento económico, ¿cuáles consideras que son los mayores riesgos para los mercados financieros de cara a los próximos meses? ¿Dónde crees que pueden surgir las oportunidades de inversión más interesantes?
Actualmente el mercado vigila dos riesgos principales:
- La inflación: Condicionada en gran medida por la tensión geopolítica actual. A medida que el conflicto remita, la inflación energética se moderará. Asimismo, la inteligencia artificial y la digitalización son vectores fuertemente deflacionarios que presionarán los costes a la baja, por lo que no prevemos un problema inflacionario estructural.
- El endeudamiento global: Es un riesgo sistémico consolidado. Los bancos centrales no pueden tolerar tipos de interés elevados de forma prolongada y eventualmente volverán a inyectar liquidez y expandir sus balances. Históricamente, ante la reactivación de la política monetaria expansiva, los activos que mejor rentabilidad ofrecen son las criptomonedas y las compañías de sesgo tecnológico.
Ante un mercado cada vez más institucionalizado, pero todavía expuesto a fuertes fluctuaciones, ¿qué papel deberían desempeñar las criptomonedas en una cartera de inversión diversificada?
Ratificamos que las criptomonedas deberían tener presencia en cualquier cartera diversificada, ajustando siempre la exposición a la tolerancia al riesgo de cada partícipe, quien debe asumir que pueden darse retrocesos del -50% al -60%. Por ejemplo, en una cartera balanceada al 50/50 entre renta variable y renta fija, un peso del 8% en criptoactivos maximiza el ratio de rentabilidad ajustada al riesgo.
Para un asignador de activos, representan una herramienta excepcional: Bitcoin y Ethereum presentan un rendimiento anualizado histórico superior al 100% con un patrón descorrelacionado frente al resto del mercado, permitiendo elevar la eficiencia del conjunto de la inversión.
Desde tu experiencia al frente de Criptomonedas FIL, ¿qué criterios utilizáis para gestionar el riesgo y qué señales os llevan a aumentar o reducir exposición?
Para calibrar el riesgo recurrimos a modelos cuantitativos propios y métricas on-chain. En el fondo Criptomonedas FIL, el mandato nos permite situar la exposición entre un 70% y un 100%. A día de hoy nos encontramos al 100% de inversión, al considerar que la combinación de corrección previa en precios y fortaleza de fundamentales abre una ventana de entrada excepcional.
Paralelamente, gestionamos la beta de la cartera. En periodos de alta aversión al riesgo concentramos la exposición en Bitcoin; sin embargo, en fases de mercado alcista como la que proyectamos a corto y medio plazo, optamos por diversificar hacia activos con potencial de rentabilidad superior. En este momento, mantenemos un 52% en Bitcoin y distribuimos la exposición restante en posiciones estratégicas en Ethereum, Solana, SUI y HYPE que presentan una estructura propicia para batir a Bitcoin en la siguiente fase del ciclo.

