
Muchos han sido quienes han vaticinado el fin del petróleo. Sin embargo, la innovación tecnológica y el hallazgo de nuevos yacimientos han permitido desmentir estas predicciones. En los últimos años, la concienciación sobre el cambio climático ha fomentado una regulación medioambiental que limita los combustibles fósiles y apuesta por la transición ecológica, amenazando así la hegemonía del llamado oro negro. A pesar de ello, el petróleo es en la actualidad la fuente de energía más utilizada a nivel global y el bien más comercializado del mundo.
El petróleo, al contrario que otras materias primas, no está repartido por todo el globo y son unos cuantos países los que concentran las principales reservas de este combustible fósil. Venezuela, Arabia Saudí y Canadá son los países con más reservas de petróleo del mundo. Sin embargo, Estados Unidos lleva siendo el líder de la producción petrolera desde que la industria actual comenzó a coger forma después de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de su posición dominante, el sector petrolero estadounidense compite desde 1960 con la OPEP —la Organización de Países Exportadores de Petróleo— un pacto creado por algunos de los países con mayores reservas de petróleo como Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudí o Venezuela.

Esta organización nació con el objetivo de competir con las principales empresas petroleras occidentales de la época. En la actualidad, la OPEP está formada por doce miembros que se encargan de fijar los precios y el volumen de la producción de petróleo a nivel mundial. Únicamente en los países miembros de esta organización se concentra el 81% de las reservas mundiales de petróleo y alrededor del 40% de la producción global.
En el otro extremo del mercado, se encuentran los principales importadores. En este caso, la región que más petróleo importa es Europa, sin apenas reservas de combustibles fósiles en su territorio, los países europeos se ven obligados a acudir a los mercados internacionales para completar su mix energético. Otros países como China e India también importan grandes cantidades de petróleo. Incluso, Estados Unidos tiene unas elevadas cifras de importación ya que no es capaz de abastecer su propia demanda interna a la vez que comercializa su producción petrolera a nivel internacional.
El liderazgo del sector, tanto de Estados Unidos como de los principales miembros de la OPEP, les ha permitido ejercer presiones y crear tensiones geopolíticas. Este poder energético fue utilizado como herramienta política por algunos países del Golfo en 1973, restringiendo sus exportaciones a países occidentales como castigo por apoyar a Israel en la guerra del Yom Kipur. Estados Unidos, por su parte, ha impuesto sanciones a las industrias petroleras de diferentes países como Venezuela, Irán o Rusia.
Este poder económico y político de los países productores plantea una cuestión casi existencial para sus gobiernos: ¿qué pasará cuando se acabe el petróleo? La economía global está muy vinculada al crudo y países como Arabia Saudí dependen de sus exportaciones para mantener la estabilidad en sus territorios. En diversas ocasiones se ha predecido, de forma errónea, el conocido como peak oil, es decir, el punto en el cual se alcanza la máxima producción y es seguido por una disminución inevitable.

Este pico de producción del petróleo no ha llegado aún gracias a las nuevas tecnologías y al descubrimiento de nuevas reservas. De hecho, la producción de petróleo ha crecido constantemente desde los inicios de la industria y según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) el mercado petrolero se dirige hacia una sobreoferta récord en el ejercicio del 2026. Actualmente, los expertos prevén que, antes de agotarse las reservas de petróleo, la demanda mundial de crudo comenzará a disminuir. Siguiendo estas predicciones, la AIE estima que la industria alcanzará el pico de demanda de petróleo entre 2028 y 2029.
La sobreproducción de la industria ha sido absorbida, principalmente, por China. La gran potencia asiática busca crear un escudo energético y este año ha aprobado una ley que obliga a todas sus empresas energéticas mantener unas reservas mínimas de petróleo. Además, está llevando a cabo proyectos para aumentar su almacenamiento de petróleo lo que muestra una intención de continuar acumulando barriles de crudo. Esta absorción del excedente del mercado por parte, principalmente, de Pekín ha permitido mantener estables los precios del petróleo, alrededor de los 70 dólares el barril. Si esta sobreproducción deja de ser admitida en el mercado, los precios de la industria podrían caer, beneficiando a los consumidores pero amenazando la estabilidad de las economías que dependen de las exportaciones de crudo.
El petróleo ha sido un recurso clave para la globalización y el desarrollo económico, pero su impacto medioambiental ha promovido un cambio hacia un modelo más sostenible. Por ello, las medidas para frenar el cambio climático fomentan el abandono del crudo y la producción de nuevas energías renovables. Así, la sociedad irá reduciendo de forma gradual su demanda de combustibles fósiles. Sin embargo, mientras la economía mundial siga dependiendo del petróleo, los países productores seguirán en una posición privilegiada.

