Apenas llevamos dos meses de este año 2011 y muchos analistas ya han hecho añicos sus predicciones para todo el año.
Nadie podía prever los levantamientos populares en el mundo árabe, pero hasta ahora las reacciones de los inversores a las protestas se han circunscrito mayoritariamente a los mercados locales. El petróleo ha subido ante los posibles problemas de suministro, pero el pánico no se ha desatado al Norte del Mediterráneo.

Los acontecimientos demuestran lo difícil que puede ser hacerse una composición general antes de ver las cosas claras. Por eso, centrarse en los valores en cartera y sus perspectivas a largo plazo es más importante que las distracciones que generan los acontecimientos macroeconómicos.

Otra característica de este año es que las acciones más castigadas durante el segundo semestre de 2010 -las que se vieron atrapadas en la crisis de deuda pública en Portugal, Irlanda, Italia y España- han batido a otras en lo que llevamos de año. Probablemente el año pasado fueron víctimas de la sobreventa y los inversores ahora se han replanteado sus posiciones de una forma más mesurada. Creo que esto demuestra el hecho de que el mercado mira muy poco hacia los próximos trimestres en sus análisis y subestima el efecto multiplicador del crecimiento que una empresa pueda conseguir en un periodo prolongado de tiempo.

Las rentabilidades positivas probablemente se ven mucho más influidas por el hecho de que una empresa sea capaz de generar rentabilidades más altas durante más tiempo de lo que el mercado espera, que por una situación en la que el valor cotice actualmente con un PER más o menos caro desde un punto de vista histórico. Por eso, mantengo un valor en cartera durante un periodo medio de entre 3 y 5 años.

Es precisamente la selección de estos valores lo que tiene más influencia sobre las tendencias por las que apuesto actualmente. Estoy encontrando valores que me gustan en sectores con exposición al consumo de los mercados emergentes, en empresas que ayudan a otras empresas y a los consumidores a adoptar hábitos más ecológicos y empresas defensivas con ingresos estables y un dividendo sólido y al alza.


Sin hacer predicciones macroeconómicas, soy cauto sobre la economía europea, pero eso no me lleva a ser pesimista sobre los valores europeos. Existen muchas empresas de primera fila con precios que las sitúan en una buena posición para ofrecer rentabilidades a largo plazo.

Sam Morse, gestor de carteras de Fidelity Internacional