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El gráfico sitúa a Suiza en primera posición, por delante de Dinamarca, Noruega, Singapur y Suecia. España figura en el puesto 46de 50, con 66,4 puntos, solo por delante de Chipre, Portugal, Macedonia del Norte y Panamá.
El Global Investment Risk and Resilience Index parte de una idea bastante sensata: invertir en un país no consiste solo en mirar el tamaño de su economía. Hay países enormes que pueden ser inestables y países pequeños que ofrecen un marco extraordinariamente predecible.

Fuente: Carlos Arenas Laorga
La metodología de Henley divide el análisis en dos bloques: riesgo y resiliencia. En total, el índice utiliza casi 3.000 puntos de datos y 13 indicadores: cinco de riesgo y ocho de resiliencia.
Las variables de riesgo son inflación, volatilidad de la divisa, inestabilidad política, riesgo legal y regulatorio, y riesgo climático. Aquí entran asuntos muy concretos. La inflación no se mide solo por el nivel del IPC, sino también por su desviación respecto al objetivo del 2% y por su volatilidad. Pero no voy a entrar en la metodología.
El bloque de resiliencia incluye cuenta corriente, margen fiscal, complejidad económica, innovación, inversión, calidad de gobierno, progreso social y resiliencia climática. Dicho de forma: un país es más atractivo si no depende de financiación exterior permanente, tiene deuda pública manejable, produce bienes y servicios sofisticados, innova, invierte, gobierna con eficacia y cuenta con una población formada y relativamente cohesionada.
España tiene fortalezas evidentes. Pero… deuda, paro, productividad, burocracias, salarios bajos, inflación, vivienda, pensiones, inmigración, corrupción, presupuestos, etc., etc. La calidad institucional y los impuestos no son los más atractivos precisamente. Hace poco me decían desde EE.UU., que todos saben los bandazos que da España con infraestructuras, o los pagos de las renovables. Eso hace mucho daño. No tener previsibilidad de normas y justicia es un lastre.
España no necesita venderse como un paraíso fiscal ni competir con Suiza en banca privada. Necesita que montar una empresa, ampliar una fábrica, contratar, invertir en vivienda, lanzar un fondo, abrir una filial o planificar impuestos a cinco años no parezca una carrera de obstáculos con reglas que cambian cada pocos meses.
Estabilidad regulatoria. Menos parches, menos ocurrencias fiscales, menos cambios retroactivos, menos legislación y más reglas claras. El capital puede asumir riesgo de mercado; lo que lleva peor es el riesgo político del BOE.
Es esto lo que me gusta del ranking. Que no es de izquierdas o de derechas. Simplemente mide variables y sale. Por eso es bueno que reflexionemos sobre la calidad y seguridad jurídica, la burocracia, los impuestos, etc. Si salimos tan mal, deberíamos mejorarlo.
España podría ser mucho mejor. Y esa diferencia entre lo que somos y lo que podríamos ser es, precisamente, el coste de tener menos margen fiscal, menos previsibilidad normativa y menos productividad de la que deberíamos. Cuando hay más confianza, el dinero fluye.

