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¿Y qué ocurre ahora? Que deben hacerlo en un mercado donde los tipos de interés son superiores a los de hace un lustro. El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que la deuda pública mundial terminó 2025 cerca del 94% del PIB y proyecta que alcance el 100% en 2029. Y esto sería un nivel que, a escala global, no se observaba desde las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.
Gobiernos y empresas pedirán 29 billones de dólares
El Global Debt Report 2026 de la OCDE aporta otra cifra importantísima. Gobiernos y compañías captarán previsiblemente 29 billones de dólares en los mercados de bonos durante 2026, cuatro billones más que en 2024, un incremento del 17%. Se trata de un volumen que prácticamente duplica el registrado diez años atrás.
La deuda soberana en bonos en circulación ya alcanza un récord de 61 billones de dólares, frente a los 55 billones de 2024. La deuda de los gobiernos centrales de los países de la OCDE equivaldría además al 85% de su PIB en 2026, 39 puntos porcentuales por encima del nivel de 2007.
El problema es que gran parte de las nuevas emisiones no servirá para financiar inversiones adicionales, sino para pagar títulos que vencen. Casi ocho de cada diez dólares se destinan a refinanciar
Y hay más. La OCDE estima que el 78% de la financiación captada por los gobiernos de la organización en 2026 se utilizará para refinanciar

Deuda existente. En 2025, las necesidades de refinanciación soberana ya alcanzaron un récord aproximado de 13,5 billones de dólares. Esto introduce un cambio fundamental respecto a los años de tipos próximos a cero. Un bono emitido entonces puede vencer ahora y ser sustituido por otro que exige pagar un interés considerablemente superior.
El FMI ya está detectando el impacto sobre las cuentas públicas. El gasto mundial en intereses ha pasado de aproximadamente el 2% a casi el 3% del PIB en solo cuatro años, precisamente a medida que los gobiernos sustituyen deuda antigua por nuevas emisiones a tipos más elevados.
Europa supera los 15 billones de euros de deuda pública
Y cómo no, la vieja Europa tampoco permanece al margen. Eurostat cifra la deuda de los 27 países de la Unión Europea en 15,37 billones de euros al cierre de 2025, equivalentes al 81,7% del PIB, frente al 80,7% de 2024. Los números siguen subiendo.

En la eurozona, la ratio aumentó del 87% al 87,8% del PIB, con 13,91 billones de euros. Y dentro de esta, las diferencias son enormes: Grecia cerró 2025 con una deuda equivalente al 146,1% del PIB; Italia, con el 137,1%; Francia, con el 115,6%; Bélgica, con el 107,9%, y España, con el 100,7%.
Además, hay que tener en cuenta una cosa muy importante: Europa afronta además mayores necesidades presupuestarias relacionadas con defensa, transición energética y envejecimiento de la población mientras soporta una factura financiera más elevada. El cóctel puede ser explosivo.
La emisión de bonos soberanos en los mercados emergentes también alcanzó un récord de 3,4 billones de dólares en 2025, un 21% más que durante el ejercicio anterior. Y como consecuencia, su stock de deuda soberana en bonos ascendió hasta otro máximo histórico de 12,1 billones de dólares. Se trata de economías que pueden ser especialmente vulnerables cuando aumentan los costes financieros internacionales, se aprecia el dólar o los inversores reducen su exposición al riesgo.

El mercado de deuda mueve ya 109 billones
Y faltaban los bonos, como no. Los mercados mundiales de bonos soberanos y corporativos suman ya aproximadamente 109 billones de dólares. La OCDE advierte de que las empresas también empiezan a sentir los efectos de los mayores tipos sobre su deuda acumulada.
Gobiernos y compañías han respondido aumentando el peso de las emisiones con vencimientos más cortos para reducir el impacto de los elevados tipos a largo plazo. Pero esa estrategia tiene una contrapartida: obliga a volver al mercado antes y aumenta el riesgo de refinanciación.
Ese es precisamente el elemento que diferencia el escenario actual del existente hace cinco años. El problema no solo es haber acumulado cantidades récord de deuda, sino tener que renovar billones de dólares de obligaciones en condiciones financieras menos favorables.

