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El potencial de la inteligencia artificial es enorme, y existe mucho debate sobre qué pasará con ciertos perfiles: si sobrevivirán los junior o los senior. Cada uno tiene su opinión, y probablemente ninguno tenga la razón absoluta, pero me atrevo a decir que hay muchas tareas que dejarán de tener sentido tal como las conocemos, o cambiarán radicalmente. Hablamos de una tecnología que es prácticamente "plug and play" para muchas cuestiones, por lo que es necesaria una adaptación en la que forma en la que realizamos ciertos procesos.
La realidad es que no todos estamos preparados para este cambio, porque trabajar con IA exige una manera distinta de pensar. Los jóvenes, sobre los que a menudo se plantea la posibilidad de reemplazados por un "super-becario" con IA, tienen a su favor una forma de pensar que les permite adoptar el enfoque IA-first de forma natural. Por otro lado, aquellos perfiles muy especializados en una tarea única que ahora es plug-and-play para la IA lo tendrán complicado, y deberán ampliar su rango de habilidades para no quedarse atrás. En cambio, en los perfiles senior más versátiles, la IA puede jugar a favor, potenciando aún más sus habilidades y su eficiencia.
Más allá de las múltiples inteligencias artificiales de soporte, lo que impulsará el potencial real de la tecnología será permitir que la IA se integre con los sistemas corporativos. Aquí es donde los tecnólogos debemos prepararnos: si la IA no puede acceder a las aplicaciones y datos necesarios, y transaccionar sobre ellos, perderá potencial y seguirá siendo una herramienta de soporte, no de transformación real. Es aquí donde entra en juego la llamada IA agéntica: sistemas capaces no solo de responder, sino de ejecutar tareas de varios pasos de forma autónoma dentro de nuestros procesos de negocio. Esto no es un matiz menor, cambia por completo el diseño de nuestros sistemas de control, permisos y auditoría, porque ya no hablamos de un usuario que opera una aplicación, sino de un agente que actúa por nosotros.
Otro tema clave será el dato y la información. Sé que la frase "el verdadero oro son los datos" ya cansa de tanto repetirse, pero todavía cobrarán más relevancia. Creo que con la IA ocurrirá algo parecido a lo que ya vivimos con el business intelligence y el machine learning: muchas organizaciones empezaron la casa por el tejado, desplegando plataformas de datos sin garantizar antes que la información fuera realmente útil. La clave no está en acumular más datos ni en construir la plataforma más ambiciosa, sino en asegurar que la información sea adecuada, fiable y aprovechable. La IA puede generar resultados sorprendentes, pero difícilmente responderá a preguntas cuyas respuestas no están recogidas en nuestras bases de conocimiento.
El gran riesgo, y donde el papel del CIO cobra gran relevancia, es el crecimiento del shadow IT. Es necesario controlar lo que sucede en nuestras compañías sin estrangular la capacidad de los compañeros de ser mejores gracias a estas herramientas, pero encontrando un equilibrio que no nos deje en la pura anarquía, a expensas de que cualquier ciberdelincuente encuentre la ventana por la que entrar.
Otro gran vector de transformación es la infraestructura de cómputo. La demanda de capacidad de procesamiento para entrenar e inferir modelos ha puesto a los semiconductores en el centro de la geopolítica tecnológica. Ya no hablamos solo de innovación, sino de soberanía: quién diseña los chips, quién los fabrica y quién controla los cuellos de botella de la cadena de suministro se ha convertido en una cuestión estratégica de primer orden para gobiernos y empresas por igual. Es una batalla que se juega a otro nivel, pero que acabará teniendo consecuencias para todos, ya que seguramente tendrá impacto en el coste final que pagaremos por el uso de la IA y de los tokens, por lo que el precio que hoy nos parece asequible podría no serlo tanto mañana.
La buena noticia es que la carrera por determinar cuál será "la mejor IA" no debería preocupar demasiado a quienes simplemente queremos utilizarla. Aunque en un momento dado pueda parecer que existe un ganador claro, el mercado evoluciona con enorme rapidez. Además, muchos de los grandes proveedores integran ya los modelos más avanzados o permiten acceder a ellos Mi recomendación es evitar una dependencia excesiva de un único proveedor y, cuando existan herramientas especializadas para un caso de uso o un contexto concreto, recurrir a ellas. Aquí los ganadores serán también las plataformas que permitan a las empresas construir soluciones propias sin depender totalmente de un único proveedor. Del mismo modo, ganarán protagonismo actores especializados en verticales concretos, como salud, industria o servicios financieros, que apliquen IA con profundidad sectorial en lugar de soluciones genéricas.
Estamos ante una reconfiguración estructural de cómo trabajamos, competimos y tomamos decisiones. Habrá ganadores y perdedores, tanto entre empresas como profesionales, y la diferencia no la marcará quién adopta la IA primero, sino quién lo hace con criterio: redefiniendo procesos, gobernando bien el dato y sin perder el control de lo que ocurre dentro de su organización. Ese equilibrio, entre impulsar la innovación y no perder las riendas, será precisamente el gran reto —y la gran responsabilidad— de quienes lideramos la tecnología en los próximos años.

