Aunque en nuestro mercado no tengamos a los creadores de los grandes algoritmos, sí contamos con un ecosistema de empresas que están jugando un papel fundamental en esta nueva era.

Para entender cómo impacta la IA en el Mercado Continuo, podemos dividir a las compañías en tres grandes grupos: quienes construyen la base física, quienes la utilizan para disparar su rentabilidad y quienes se enfrentan a nuevos riesgos.
 

Por una parte, infraestructura y generadores de energía:

Merlin Properties ha transformado su hoja de ruta para centrarse en los centros de datos de última generación en la Península Ibérica. Por su parte, gigantes de la construcción como ACS y Ferrovial están ganando contratos multimillonarios para diseñar y construir estas complejas infraestructuras tecnológicas, especialmente en Estados Unidos y Europa.

En cuanto a las generadoras de energía, grandes eléctricas como Iberdrola y Endesa, son ahora aliados indispensables. También Solaria, Ecoener y Grenergy. El mercado valora muy positivamente su capacidad para firmar acuerdos a largo plazo que garantizan el suministro de energía limpia a las grandes tecnológicas, asegurando ingresos recurrentes y estables para las eléctricas.
 

Integradoras de tecnología y beneficiarios por eficiencia:

El segundo grupo lo conforman aquellas empresas que instalan la inteligencia artificial en el tejido empresarial o que la utilizan para transformar sus propios márgenes de beneficio.

Por un lado, tenemos consultoras tecnológicas como Indra o Izertis. Estas compañías son el puente entre la IA y las empresas tradicionales. Su negocio crece ayudando a otras corporaciones e instituciones públicas a modernizarse, instalar sistemas de analítica de datos y protegerse con ciberseguridad avanzada.

Por otro lado, el gran ganador silencioso de esta eficiencia es el sector financiero. Entidades como BBVA, Banco Santander, Bankinter y CaixaBank están exprimiendo la IA para transformar su rentabilidad. Al delegar tareas rutinarias a los algoritmos, automatizar el papeleo (el llamado back-office), mejorar la detección de fraudes y crear asistentes virtuales para la atención al cliente, los bancos logran reducir drásticamente sus costes operativos. En el mundo financiero, cada euro ahorrado en costes es un euro