El pasado 10 de mayo, Estrategias de Inversión publicaba un artículo mío sobre Banco Popular titulado “La cotización de Banco Popular se anima, pero ¡mucho cuidado, minoristas!”. La finalidad del mismo era trasladar al pequeño inversor una idea clara: En las circunstancias actuales no hay que posicionarse en el valor. Ni corto, ni largo. No estar.

Sin embargo y por lo que leímos en algunos comentarios realizados por lectores, es posible que el mensaje no se entendiera suficientemente. Dichos comentarios enfatizaban únicamente en la palabra “esperar” y concluían que “esperando y actuando a posteriori, siempre se acierta”.

Quizás, por mi formación como analista fundamental, antes de tomar una decisión a la hora de posicionarme en un valor, necesito disponer de una serie de parámetros, de una serie de informaciones, de los que, en el caso de Banco Popular, ni disponía a la hora de escribir aquel artículo, ni dispongo a día de hoy.

Aquel artículo se empieza a gestar el 5 de mayo, inmediatamente después de que, antes de la apertura de la sesión, Popular publicase unos resultados trimestrales desastrosos, que incluían también una reformulación de las cuentas de 2016 que aumentaban notablemente las pérdidas de la entidad. La respuesta del mercado fue un descenso de un 5% en su cotización nada más comenzar la sesión. Sin embargo, al finalizar el día, cerraba con una subida del 9%, terminando en los 0,75 euros.

¿El motivo? Se publica a media mañana la noticia de que el grupo chileno Luksic había adquirido a lo largo del primer trimestre un 3% del capital de Popular.  El lunes 8 sube un 1,06% adicional y el martes 9 un 2,11%. El día 10 de mayo, fecha de publicación del artículo cierra la jornada subiendo un 9,04% en los 0,844 euros.

Una reacción completamente “típica” en la cotización de un valor que está “algo más que tocado”, cuando se publica una noticia “supuestamente positiva” sobre él.

En dicho artículo, mantenía que me parecía una temeridad entrar en el capital del Popular sin conocer la estrategia a seguir por su equipo gestor. En aquellos momentos todavía eran posibles (en palabras de sus propios gestores), bien una ampliación de capital (sin fijarse ni un importe aproximado, con cifras que variaban entre los 3.000 y 6.000 millones de euros), bien una fusión con otra entidad bancaria (sin pretendientes manifiestamente declarados, más bien todo lo contrario), o la venta por partes de los activos del banco.

Hoy lunes 5 de junio, dieciocho sesiones después, el último cambio marcado por el Popular es de 0,338 euros, es decir, un descenso del 60%, marcando un mínimo en los 0,337 euros y un máximo en los 0,346 euros. Todo ello acompañado de importantes volúmenes de negociación. No hace falta añadir mucho más.

 

Quizás, los lectores de aquel artículo estaban esperando una recomendación directa: “Comprar a tal precio” o “vender toda la posición”.

 

Desde luego que, estando las cosas como llevan tiempo estando en Popular, de mi teclado no iba a salir una recomendación de “comprar”, por las razones evidentes que llevamos señalando en nuestras intervenciones en los medios desde hace bastante tiempo. Permita el lector que me extienda.

La situación de Popular ha sido un auténtico despropósito desde que se situó como hombre fuerte del mismo Ángel Ron. Con sus decisiones de gestión e inversión, tiró por la borda los principios fundamentales que Banco Popular había tenido desde su constitución, y que le había llevado a ser la entidad bancaria más rentable de Europa sin meterse jamás en un charco.

Cuando estalló la crisis del ladrillo en España, Popular no dejó de aparecer en las “secciones de sucesos” de la prensa financiera. Cada vez que alguna promotora anunciaba una quiebra, allí estaba Popular entre los grandes perjudicados.

Luego no se ha sabido reaccionar. Quizás se esperaba que, con el paso del tiempo, las cosas se arreglasen. Las sucesivas ampliaciones de capital han llevado aparejados mensajes de “calma, ya todo está bien… con esto es suficiente…” y no lo ha sido.

Cuando ha llegado el nuevo equipo gestor se ha encontrado con una situación desesperada, mucho peor de lo que ellos (y quizás el mercado) se podían suponer.

Seguro que han intentado buscar soluciones, pero no han sabido o no han podido encontrarlas, y con lo que sí que se han encontrado ha sido con algo que los mercados no pasan por alto: la falta de credibilidad en la entidad.

Han dado cifras, han dado fechas… que luego no se han cumplido. Podría señalar aquí muchas referencias de esto que afirmo, pero creo que no hace falta. Repasando los medios de comunicación de apenas los últimos dos meses, se pueden encontrar. Insisto: se ha generado una falta de confianza total.

Entonces ¿vender?

Una recomendación de “venta” podría haber generado muchas dudas a la hora de ser considerada por un actual accionista de Banco Popular.

Para dar una recomendación de venta en un valor con las características actuales de Popular, haría falta saber desde dónde se viene (cuando se realizó la operación de compra) y el precio al que se compró. A los que vienen posicionados de lejos en el valor sinceramente creo que ya les da igual. No tenían que haber estado o tenían que haber salido muchísimo antes. Razones evidentes ha habido para ello, pero ya tiene poco remedio.

Para los que se hubieran posicionado recientemente, esperando “algo”, (una operación corporativa, un milagro de última hora), la recomendación sin decir taxativamente “vender” estaba clara: No hay que estar en el valor.

Y quedarían aquellos que pudieran estar esperando una recomendación de venta para ponerse cortos en el valor, utilizando por ejemplo la venta de CFDs.

Desde luego, aquél que se hubiera puesto corto entonces (el 10 de mayo, cuando publicamos el artículo) y que hubiera tenido músculo financiero para aguantar los puntuales rebotes, hubiera ganado mucho dinero… Pero precisamente, esos bruscos rebotes puntuales, son una auténtica bomba de relojería para aquellos minoristas que se quedan vendidos en un valor con las características de Banco Popular.

En estos casos tan evidentes hay un riesgo de que las entidades que normalmente prestan acciones para ponerse cortos, tengan que pedir la devolución de los títulos para cerrar definitivamente sus posiciones y salir de su inversión. Ese proceso de cierre de cortos suele ser impredecible hasta el momento en que se produce, y cuando se produce casi siempre suele ser tarde para reaccionar.

Esto es, probablemente, lo que ha ocurrido durante las últimas semanas, cuando hemos visto violentos repuntes intercalados en la clara tendencia bajista. Quizás han sido provocados, entre otros, por BlackRock, que anunciaba el viernes que había vendido algo más de un 2% del capital de Popular.

Y precisamente porque trabajamos en un broker en el que los derivados son importantes y vemos las cosas que pasan con muchos inversores que se olvidan de lo que significa el apalancamiento, lanzamos el mensaje de que lo mejor era “estar fuera”, todavía con el recuerdo de las amargas experiencias vividas hace unos pocos meses, con un valor como Abengoa, (por recordar uno de los últimos casos que más dolores de cabeza han dado en la bolsa).

 

En cualquier caso, quiero concluir con el mensaje que mandaba el viernes a sus lectores uno de los más seguidos analistas del mercado, colaborador de esta publicación, José Luis Cárpatos, muy parecido al que enviaba yo semanas atrás.

 

Textual: “Popular. Estamos viendo que empiezan a aparecer números altos de entidades que se ponen a comprar en precios bajos y soltar en precios altos, lo que apoya la volatilidad y a cualquier persona normal le puede hacer mucho daño, así que hace tiempo que hay que estar lejos de este valor, pero si alguien intenta jugar dentro de la volatilidad que tenga mucho cuidado porque los grandes tiburones están casi todos aquí.”

 

 

Hoy, en otros medios, hemos podido leer algunos más.

Por favor, inversores minoristas, sean prudentes manejando estas situaciones.