Comencemos con las empresas con bonos de alto rendimiento. Con frecuencia desean ejecutar un plan de de negocio para crecer y poder pagar la deuda y ser empresas más sólidas y seguras. Pero para lograr ese crecimiento, a menudo las empresas incrementan el apalancamiento de sus balances.

Ese endeudamiento adicional incrementa su riesgo de impago. Por lo que si inviertes en bonos o acciones de esa empresa, lo normal es que acabes con unos precios más altos o más bajos si la empresa cumple su plan de negocio o si no lo consigue, porque será una empresa más segura o con más riesgo.

Ahora comparémoslo con lo que sucede con los emisores de grado de inversión. Suelen ser las grandes empresas líderes en su sector, por lo general acciones cotizadas en bolsa. Puesto que se trata de empresas consolidadas, normalmente operan con su estructura de capital objetivo o, dicho de otro modo, con el nivel de deuda en el balance que resulta adecuado para el tamaño y el alcance de su negocio.

Recordemos que invertir en los bonos de una empresa es distinto a invertir en sus acciones. Por ejemplo, si compramos acciones con una relación precio-beneficio constante y la empresa consigue fuertes ganancias, la acción seguirá subiendo mientras la empresa crezca. Por ello, puede resultar lógico comprar y mantener las acciones de una empresa.

En cuanto a la deuda, pensemos en un bono de grado de inversión de una empresa enorme como Google. Ya es una ganadora en su sector. Todo el mundo espera que sus bonos sean seguros en cuanto al pago de la deuda, al menos en vencimientos a medio plazo. Por consiguiente, los bonos tienen un diferencial de rendimiento bajo con respecto a los títulos del Tesoro. Lo más probable es que venzan a su valor nominal, todo lo contrario que sus acciones, si Google cumple su plan de negocio, los bonos no van a negociarse al alza.

Así pues, en muchas ocasiones la rentabilidad del periodo de tenencia de un inversor es el cupón y una revalorización del capital relativamente pequeña. Sin embargo, si una empresa de grado de inversión se encuentra en un contexto especial por problemas en el sector, posibles fusiones y adquisiciones o el momento del ciclo económico, puede ofrecer rentabilidades superiores a otros bonos de grado de inversión. En otras palabras, muchas oportunidades de los bonos corporativos surgen de la infravaloración o sobrevaloración debido a circunstancias especiales. En esos casos, creemos que es fundamental determinar las probabilidades de impago o nuevas mejoras en el contexto de la valoración para decidir si comprar o no sus bonos. Por esos motivos, a veces los bonos corporativos de grado de inversión pueden no ser una clase de activos para comprar y mantener como lo puedan ser los títulos de alto rendimiento y los de la renta variable.

En cualquier caso, creemos que los bonos corporativos de grado de inversión (calificaciones BBB/Baa y superiores) pueden ser una clase de activos excelente para aquellos inversores que tienen un enfoque de inversión a largo plazo. Es más, pensamos que siempre hay alguna oportunidad en algún lugar de este mercado. Puede que esté en las curvas de crédito, quizás en la infravaloración o sobrevaloración de la liquidez, tal vez la perspectiva del mercado sobre un sector difiera de la nuestra, o puede que las valoraciones de las empresas no sean correctas. Dado que siempre hay una oportunidad de inversión, tienes que ser flexible en cuanto a la forma de generar alfa. Si dependes excesivamente de una herramienta o solo dominas un segmento, cuando dicho segmento presente precios razonables tendrás menos margen para sumar valor. Pero tus inversores siguen mereciéndose y esperan buenas rentabilidades, por lo que tienes que tener experiencia y conocimiento de todas las dimensiones del mercado.