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Si el mercado de fusiones y adquisiciones tuviera un pedal de freno y un botón del pánico, desde la pandemia hasta aquí probablemente deberíamos haberlos cambiado por excesivo desgaste. Al menos la sensación es ésa; que, en España, los fondos y los inversores han recurrido a ellos casi de forma constante durante este tiempo. Sin embargo, la realidad es casi la contraria. Lejos de haberse detenido, el mercado ha mantenido una alta resiliencia y una constante actividad de fondo. En su conjunto, la solidez de muchos sectores y la propia efervescencia de la liquidez lo han llevado más lejos de lo que podría haberse previsto a la luz de determinados acontecimientos.

Si hablamos de este año, ese supuesto automóvil del M&A sólo se quedó en punto muerto los días posteriores al Liberation Day, quizá la fecha en que el botón del pánico trabajó más en los mercados. Pero la reactivación fue rápida y el resto del año debería ser considerado como satisfactorio. La tecnología y la defensa han sido puertos seguros de la actividad. En muchos otros sectores, la flexibilidad, el rigor de los análisis y las estrategias de diversificación han permitido aflorar oportunidades y mantener en movimiento “perpetuo” al sector

Frente a la volatilidad o los riesgos geopolíticos, la actividad real está respaldada por la abundancia de capital en fondos de private equity cuyos plazos de inversión están próximos a expirar, por la necesidad de consolidación en sectores maduros y por la creciente transformación digital, factor desencadenante de muchas operaciones, en especial de aquéllas promovidas por empresas familiares en alza, necesitadas de músculo para dar un salto de calidad al mercado. Y esto hace que las perspectivas para 2026 sean buenas.

Elmid market sigue manteniéndose en España como auténtico protagonista del M&A por su capacidad de crecimiento, profesionalización y construcción de valor. Es cierto que el contexto es complejo y que los procesos de análisis se han vuelto mucho más largos (y algo más inciertos), pero a la vez han sustentado cierta tracción al conjunto del mercado. Desde la perspectiva sectorial, las industrias clásicas, como las infraestructuras o las redes energéticas, han generado interés creciente, mientras que el inmobiliario español se asienta como uno de los grandes focos para 2026 por su estabilidad, escasez de oferta y atractivo para el capital internacional. Como se apuntó en la pasada edición de CapCorp, la sorpresa está siendo la irrupción de la llamada economía de la experiencia, una reivindicación del bienestar y de las vivencias memorables, que ha multiplicado su valor desde la pandemia en sectores como el turismo, la restauración, la salud o el entretenimiento y el deporte. Si atendemos al tipo de transacción, la tracción ha venido tanto de las operaciones de carve-out como de los add-ons. 

Es difícil encontrar puntos en común entre las diferentes actividades, estrategias y tendencias apuntadas hasta aquí; pero de los posibles nexos, me gustaría destacar uno, en parte por orientación profesional y también por su trascendencia y valor crecientes, constatables en los casos de mayor éxito. Me refiero, por supuesto, a la comunicación. En estos años ha dejado de ser una práctica añadida o complementaria para ser considerada una parte esencial de la estrategia de cualquier operación. La comunicación se ha convertido en una herramienta clave para facilitar que, en un contexto cada vez más complejo, todos los decisores de los que depende el éxito de una operación dispongan de la información necesaria.

Y esto implica contar con una tesis de inversión clara, que apele a las necesidades y expectativas de estos decisores. Ya no basta con que esa tesis se articule exclusivamente con base en el racional financiero de la operación. En el contexto europeo actual, enfocado en reforzar la competitividad de la región, las operaciones necesitan explicar mejor su aportación al ecosistema económico, su impacto en la resiliencia empresarial y su contribución al territorio. Esto es algo especialmente relevante ante otra de las tendencias crecientes de los últimos años, la evolución hacia marcos regulatorios más detallados y exigentes para las operaciones de M&A.

La comunicación quizá sea el mejor combustible para poner en común todos esos factores, alinear percepciones y gestionar las opiniones públicas y las publicadas para generar una corriente favorable al punto de vista propio. Y si ha resultado crucial cuando el mercado de M&A estaba al ralentí, imagínense la trascendencia  de la comunicación cuando el mercado vuelva a poner la directa.