Mucho se especula sobre la posibilidad de una subida de los tipos de interés por parte de la Fed, pero aunque dicho incremento llegara a producirse este verano, seguimos pensando que los tipos estadounidenses a largo plazo van a mantenerse en niveles reducidos durante un tiempo.

Pensamos que la Reserva Federal seguirá adoptando un enfoque gradual en el endurecimiento de su política monetaria, ya que este tipo de medidas tienen una amplia repercusión en la economía nacional y mundial y pueden llegar a provocar una espiral de reacciones adversas. La subida de tipos podría producir un endurecimiento de las condiciones económicas y financieras, lo que encarecería el crédito. Y el consiguiente fortalecimiento del dólar endurecería aún más las condiciones financieras.
 
La actuación de la Fed influye especialmente en los tipos de interés a corto plazo. Los tipos a más largo plazo reflejan una combinación de factores, como el crecimiento económico y las expectativas de inflación. La economía estadounidense sigue ofreciendo unos datos de crecimiento limitado. Aunque la inflación ha comenzado a subir no resulta excesiva en modo alguno. Además, las fuerzas deflacionistas siguen presentes en muchas partes del mundo. En un entorno como el actual, pensamos que los tipos a corto plazo van a aumentar ligeramente, en sincronía con la Fed, y los tipos a largo plazo se mantendrán dentro de un rango estrecho; los títulos del Tesoro a diez años no superarán el 2,5%.
 
Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? En diciembre de 2015, la Fed subió el tipo de interés de los fondos federales en 25 puntos básicos, hasta situarlo en la horquilla de entre un 0,25% y un 0,50%, después de un periodo de siete años con tipos cercanos a cero. En aquel momento, la entidad preveía aumentar los tipos un 1% este año. Sin embargo, dicha previsión se rebajó a la mitad en la reunión de marzo, ante los riesgos procedentes del exterior y el periodo de agitación que vivieron los mercados bursátiles durante los primeros meses del año.
 
A pesar de la prudencia de la Fed ante la posibilidad de una nueva subida de tipos, los datos dejaban claro que dos de los principales indicadores de su política monetaria, el empleo y la inflación, mostraban signos de mejora. Estos datos, junto a la mejora experimentada por las condiciones financieras, han provocado que algunos miembros de la Fed se hayan mostrado más partidarios de una subida de tipos.
 
Aun así, las probabilidades señalan que muchos participantes del mercado siguen sin creer que la Fed vaya a subir los tipos en julio. La razón es que, a pesar de la mejora de la inflación y el empleo, sigue habiendo  dificultades. Los beneficios empresariales registraron unos resultados débiles en el primer trimestre, y aunque en cierto modo ha disminuido la preocupación sobre la difícil situación de la economía global, no se prevé que el crecimiento vaya a ser muy sólido este año.
 
En nuestra opinión, la Fed intenta calibrar las condiciones financieras no solo a través de sus medidas políticas, sino también de su comunicación verbal. Las declaraciones podrían servir para comprobar qué grado de endurecimiento de las condiciones financieras podría absorber el mercado sin que llegara a producirse una gran perturbación.
 
Otro factor que contribuye a mantener los tipos estadounidenses en niveles reducidos, quizás en mayor medida que la política de la Fed, es el nivel de las valoraciones de los títulos del Tesoro estadounidense y la deuda soberana de otros países desarrollados, que en el caso de Alemania o Japón cotizan en negativo en algunos de sus vencimientos. Este nivel de valoraciones relativas, junto con la espiral de reacciones adversas que mencionamos al principio, es lo que nos lleva a creer que Estados Unidos mantendrá los tipos en niveles reducidos durante un tiempo.