El oráculo de Omaha tenía una idea de inversión hace 63 años pero… ¿Sigue siendo la misma? ¿Qué pensaba el gran inversor cuando comenzaba en el mundo de las finanzas?
“Nostros tenemos una gran variedad excepcional de aseguradoras, de las que la más conocida es GEICO”. Esta cita pertenece al balance anual de Berkshire Hathaway del pasado ejercicio. No parece muy reveladora si la leemos tal cual, pero el grado de importancia que le otorgamos a la misma cambia si le añadimos la información de que dicha compañía es una de las empresas en las que invirtió Warren Buffett en sus comienzos. Con tan solo 21 años.

El inversor estadounidense ha sido, es, y será uno de los personajes del mundo de la inversión más coherentes de su época. Si no es el que más. Uno de sus grandes éxitos es que desde que empezó en el mundo de las finanzas no ha variado ni un ápice su metodología a la hora de invertir. Se ha mantenido en sus trece siempre.

En efecto, un claro ejemplo sería GEICO. En 1951 Buffett escribió en The Commercial and Financial Chronicle, publicación de información económica, un artículo en el que veía un especial atractivo a al sector de las aseguradoras y, en especial, por la firma citada anteriormente. “Parece que no se está pagando el precio adecuado por la compañía por el tremendo potencial de crecimiento que tiene”, rezaba por aquellos años.

Justo en el momento en el que elaboró tal pieza, que hoy en día se guarda como oro un paño en las hemerotecas, la compañía tenía un PER de 8 veces y su precio rondaba los 31 dólares. Pasado un tiempo, el olfato de Buffett quedó demostrado ante el resto de tiburones de Wall Street. Los títulos de la aseguradora duplicaron su valor hasta alcanzar los 68 dólares.

Años más tarde, en 1996, la empresa que dirige actualmente, Berkshire Hathaway, adquirió el resto de los títulos de GEICO y se convirtió en una compañía subsidiaria. Una de las más importantes como la propia compañía se encarga de resaltar en los informes de sus resultados financieros anuales.

Así pues, ése ha sido uno de los factores que ha encumbrado al oráculo de Omaha. El hecho de no haber cedido en sus estrategias unidas a la fijación por determinadas industrias en las que siempre ha visto potencial de crecimiento. El ejemplo más claro sigue siendo, precisamente, el sector de las aseguradoras que es uno de los principales baluartes su compañía. No es casualidad que su éxito nunca haya recrudecido ante la visión global del entorno económico. Al no haber cambiado nunca de opinión.

Precisamente en esos primeros años, en sus inicios en los que empezó junto a su mentor Benjamin Graham, muchos de los inversores se basaban en aspectos fundamentales las cuentas de las compañías y el nivel de ingresos. Buffett bebió de esta fórmula, el value investing, pero fue más allá. Lo cual le ha dado resultados positivos hasta hoy día. Para ser más concretos también tenía en cuenta otros factores intangibles como el equipo directivo y la marca per sé.

Esta metodología siempre ha sido su habitual modus operandi. Siempre se ha tenido como base fundamental esos principios para tomar posiciones en determinadas empresas o sectores concretos. Desde sus comienzos más imberbes hasta su vejez no ha modificado ni un ápice sus movimientos, sino todo lo contrario.

En este sentido, no es de extrañar que la rentabilidad media de la compañía desde 1965 hasta hoy día sea del 19,7%, mientras que el retorno medio del S&P 500 en ese mismo espacio de tiempo ha sido del 9,8%.