El escenario de crisis e incertidumbre ha renovado el interés por la deuda pública. En una reacción “de manual”, Letras, Bonos y Obligaciones - olvidados en épocas de esplendor bursátil- saltan a la palestra y exhiben como nunca su condición de valor refugio por excelencia. Una seguridad que viene ligada al hecho de que el emisor de estos activos es el gobierno, que en el caso del español o el alemán, por ejemplo, cuentan con la máxima calificación (triple A) y a la garantía de que el pago de intereses y la amortización de los activos están asegurados por ley (por la Constitución en nuestro caso). Un inversor particular español puede adquirir deuda de su país de forma directa en el mercado primario (ver Cuadro 1) o en el mercado secundario de la deuda pública. En el primero de los casos operar a través de la web del Tesoro o acudir a una de las 22 sucursales del Banco de España es la opción más barata; en el segundo, el ahorrador se encuentra con varias ventajas: puede acceder también a los activos emitidos por cualquier gobierno y puede invertir a plazos distintos a los que se emiten los valores. Por ejemplo, si se desea invertir a 4 meses (un plazo al que el Tesoro español no emite en la actualidad), podría adquirirse una Letra a seis meses que hubiese sido emitida hace dos. Ahora mismo en España las Letras se emiten a seis, doce y dieciocho meses, los Bonos a tres y cinco años y las Obligaciones a diez, quince y treinta años. Ahora bien, antes de invertir en deuda conviene tener en cuenta el particular funcionamiento de estos activos. Si usted los va a mantener hasta vencimiento, su capital no corre ningún riesgo –se le abonará la cantidad invertida y el cupón o tipo de interés fijado- pero si opta por deshacer antes sus posiciones, debe tener en cuenta varios factores porque según señala Rafael Romero, director de inversiones de Unicorp Patrinomio, “con renta fija también se puede perder dinero”.


Cuadro 1


Rentabilidad de los bonos

Si nuestro escenario es el de invertir en bonos sin esperar a su vencimiento y operar en el mercado secundario de la deuda pública debemos tener muy claro que el rendimiento que vamos a obtener dependerá de la evolución de los precios de esa deuda en el mercado. Y aquí conviene no perder de vista tres conceptos básicos. El primero es que precio y rentabilidad mantienen una relación inversa, de modo que en momentos como el actual, en el que todo el mundo busca refugio en deuda pública, sube su precio y baja su rentabilidad. El segundo es que “el precio de la deuda pública varía en función de cómo evolucionan los tipos de interés, pero lo hace a la inversa”, recuerda Miguel Bernal, director de Alfagesfín. De este modo, si el precio del dinero baja, las nuevas emisiones valdrán menos que las que ya están en el mercado, con lo que estas últimas ganarán valor (subirán de precio) y podría resultar beneficioso venderlas antes de vencimiento. Y la tercera tiene que ver con la duración, con el plazo de vencimiento porque cuanto mayor sea éste, mayor sensibilidad tendrá el bono a las fluctuaciones de los tipos de interés. Pero a la hora de determinar el valor de un bono también influyen otros factores, como el riesgo país o el riesgo cambiario. Con todo esto en mente la pregunta es: ¿lo que conviene ahora mismo es comprar deuda gubernamental a corto o a largo plazo?

Deuda a corto en euros, lo más seguro

Si el objetivo del inversor es protegerse de las turbulencias de las bolsas y mantenerse a la espera de que la situación se calme “lo mejor ahora mismo es la deuda pública a corto plazo”, asegura Carlos Fernández, responsable de análisis de fondos de Inversis Banco. Por dos razones –añade Bernal- “porque tiene muchísimos menos riesgos que aquella que compramos a 10-15 ó 30 años” y porque “es prácticamente seguro que habrá nuevas bajadas de tipos de interés y que quienes más lo van a recoger serán los tipos a corto plazo”. En definitiva, se trataría de protegerse comprando deuda a corto plazo casi como un activo especulativo y aprovecharse de las “huidas hacia la calidad” –en las que el bono sube su precio- para venderla lo antes posible. Ahora bien, Bernal deja claro que “para un inversor con un horizonte de inversión a medio y largo plazo comprar deuda a corto con las rentabilidades actuales no tiene ningún sentido” –salvo el de estar seguro-. Y deuda ¿de qué países?

Aquí los expertos lo tienen claro y apuestan por bonos emitidos por Estados soberanos de la Zona Euro. “No va a quebrar el sistema bancario y menos un país que esté bajo el paraguas del euro”, así de contundente se muestra José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, quien recuerda que “el BCE ha anunciado que dará acceso a los países miembros del área a financiación ilimitada al 2,5 por ciento”. A partir de ahí, Miguel Llorente, analista de Capital at Work, se decanta por Italia (porque ahora mismo está dando un poco más de rentabilidad), España y, en menor medida, Francia. Lo que es ridículo –señala- “es comprar deuda alemana porque ahora mismo es la que menos prima tiene”, pese a esa percepción generalizada de que la deuda teutona tiene mayor seguridad y es más líquida. “Sería impensable que le bajasen a España el rating triple A”, asegura Díez porque “nuestro porcentaje de endeudamiento frente al PIB está en el 38,8 por ciento mientras que en Europa supera el 60 y en EE.UU. alcanza casi el 70, sin contar que está absorbiendo deuda privada al tragarse, por ejemplo, Fannie Mae y Freddie Mac”.

Deuda pública a largo plazo

Para refugiarse, por tanto, deuda pública a corto plazo de los estados de la Zona Euro pero para tratar de obtener un plus de rentabilidad, los analistas ponen sobre la mesa otros dos aspectos más: trabajar a plazos más largos e introducir en nuestro puzzle el tema divisa. Eso sí, para inversores con menos aversión al riesgo. Por el lado de la moneda, Víctor Arvargonzález, director de Profim (asesoría financiera independiente) constata que apostar por renta fija en dólares en los últimos meses ha supuesto un buen negocio “porque a la revalorización de la renta fija se le ha unido la del billete verde” y cree que esto por el momento “seguirá siendo así”. La divisa sería la explicación de que la renta fija en yenes se coloque al frente del ranking de revalorización este año, seguida de la deuda suiza. Es por esto que buena parte de los expertos se decantan por tener parte de la cartera en renta fija estadounidense, por el convencimiento de que dado que EE.UU ha “hecho aguas” antes, saldrá antes de la crisis y su moneda se fortalecerá. La recomendación es unánime a la hora de huir de los países que no tienen máxima calificación, salvo si uno es un inversor arriesgado que busca altas rentabilidades. Para éstos, Gonzalo Reginfo, director general de Pictet Funds para Iberia y Latinoamérica, no descarta invertir en algunos países emergentes en moneda local, tipo México o Corea. Por el lado de los plazos más largos, los analistas ven en ello una mayor oportunidad, pero envuelta en mayores peligros porque aquí ya entran en juego escenarios no sólo de tipos, sino de crecimiento y de inflación. Cierto es que si lo que esperamos es que el BCE siga bajando el precio del dinero, su relación inversa con el de la deuda hará que ésta valga más a vencimiento y podríamos vender antes obteniendo mayor rentabilidad de la pactada. Y también lo es que “veremos nuevas sacudidas bajistas en las bolsas que harán que los inversores vuelvan sus miradas hacia los bonos a largo en busca de seguridad”, algo que según Miguel Llorente, analista de Capital at Work, nos dará buenas oportunidades para hacer plusvalías si estamos en plazos más largos. Pero tampoco es menos cierto que si los tipos bajan es probable que acabe repuntando la inflación y esta variable afecta de forma negativa a los activos emitidos a más largo plazo. En suma, para aquellos que prevén que caigan los tipos de interés, la inflación y las rentabilidades de los bonos, los vencimientos a largo plazo son más interesantes. Pero estas tres variables son cambiantes de manera que el riesgo de la deuda a largo es mayor. Atentos.

Últimas subastas

En la última subasta (17 de Diciembre), la Letra del Tesoro española a un año se emitió a un tipo de interés marginal del 2,23 por ciento (frente al 2,54 por ciento de la su inmediata anterior, la del 19 de Noviembre). Se trata de un interés discreto pero que contrasta con la caída superior al 38 por ciento que sufre el Ibex 35 al cierre de esta sesión de viernes. Sin embargo, sí que está por debajo de la revalorización media de los fondos de renta fija a largo plazo -los fondos nacionales más rentables en los últimos 12 meses-, que alcanza el 2,64 por ciento.

Por su parte, los Bonos a 3 y 5 años se emitieron en su última subasta a un interés del 2,95 y 3,34 por ciento y las Obligaciones a 10 y 30 años al 3,95 y al 4,19 por ciento, respectivamente. Junto a esto, la lógica indica que las nuevas subastas (hasta el tercer trimestre ya se ha emitido un 28 por ciento más que en todo 2007) se colocarán con intereses más bajos, debido a la reciente rebaja de los tipos de interés y a la mayor necesidad de financiación estatal. Y no sólo eso, como dato curioso sirva el hecho de que en momentos de pánico como los que hemos vivido en las últimas semanas “en EE.UU. se llegaron a comprar emisiones del Tesoro Público con rentabilidades cero”, recuerda Miguel Llorente, “no ganabas nada comprando esa deuda, pero era la única manera de asegurarte que tu dinero no iba a mermar”. Seguridad, por tanto, sí en deuda soberana de países triple A pero “este famoso vuelo hacia la calidad no va a ser lo más eficiente porque el rendimiento será escaso”, concluye Alejandro Varela, gestor de fondos de Renta 4. “Lo más rentable será invertir en activos que cotizan por debajo de su valor intrínseco, en deuda corporativa de determinadas compañías”. Pero eso, claro, significa asumir riesgos.