
Lo primero de todo, depende del plazo. Si el horizonte de la inversión es de largo plazo (3-5 años en adelante), la recomendación es no dejarse llevar por el pánico puntual pues a más largo plazo, los “dientes de sierra” característicos de los movimientos de corto plazo se suavizan. Antes de actuar es vital realizar un análisis de la situación sopesando pros y contras para nuestra cartera. Conviene reflexionar si necesito recuperar el dinero, aunque sea inferior al inicialmente invertido, o si puedo esperar a que haya un rebote en el mercado para vender a mejores precios.
Para mantener los nervios templados, la recomendación más extendida es no mirar la cotización diaria de las posiciones en cartera aunque es importante que prestemos atención de forma periódica pues, tal y como dice la CNMV, las circunstancias bajo las que se realiza una determinada inversión pueden cambiar. Es recomendable vigilar su evolución y ver si la rentabilidad es la esperada o si los riesgos se mantienen.
Tanto si se tienen pérdidas en la cartera como ganancias, es importante vigilar el factor emocional. De hecho, las emociones pesan un 80% en el trading y en la operativa de corto plazo mientras el 20% restante es formación, experiencia y gestión del riesgo. Para no dejarse llevar por este factor, es obligatorio fijarse un límite para las pérdidas en cada una de las posiciones y, en función de ello, no prestarse a movimientos con más riesgo del dispuesto a afrontar.
En este sentido, es importante no hacer market timing, es decir, intentar acercar con el mejor momento para comprar y para vender porque nadie puede predecir cuál será el próximo movimiento de los mercados.
Por último, conocer el perfil que tiene cada uno es lo más importante. Debes de saber cuánto podrías permitirte perder en el peor de los casos. Recuerda que, a veces, el mercado puede moverse rápidamente, lo que significa que podrías no ser capaz de salir de la operación en el nivel deseado. En el mundo del trading, la toma de decisiones en el trading debe distinguir entre aquellas operaciones que son racionales y las emocionales. Guiarse por una «palpito» acabará en el 90% de los casos en desastre, por lo que es fundamental que respaldes tus decisiones con un análisis previo. La creación de un plan de trading estructurado puede ayudarte a manejar el riesgo de guiarse por emociones, proporcionándote directrices claras y ayudándote a mantener tu disciplina.
El cálculo de lo que debes arriesgar por operación depende de tus circunstancias personales. Encontrarás guías que recomiendan no arriesgar más del 1% de tu capital bursátil por operación, y otras que animan a subir hasta el 10%. Decidimos invertir 10.000 euros.

