La reunión de junio del BCE se había instalado en la mente de los inversores como una cita importante. Se esperaba algún cambio en el tono del mensaje del presidente de la institución, Mario Draghi. Es decir, se preveía un presidente más duro, que diera más pistas sobre la retirada de estímulos monetarios. Pero no ha sido así.

No ha habido ninguna sorpresa en el comunicado del BCE tras su reunión del Comité de Política Monetaria. Los tipos se mantienen en el 0%, sin cambios, así como la facilidad de depósito, que seguirá en el 0,40%. Pero esto es justo lo que esperaba el mercado, que ahora está pendiente al discurso del presidente, Mario Draghi.

Sin embargo, el comunicado de hoy puede haber sorprendido algo a algunos expertos, que esperaban que la institución retirara hoy de su mensaje que los tipos de mantendrán bajos por un prolongado espacio de tiempo. No lo ha hecho. En concreto, la nota afirma que “el Consejo de Gobierno espera que los tipos de interés oficiales del BCE se mantengan en los niveles actuales durante un período prolongado que superará con creces el horizonte de sus compras netas de activos”. Es decir, sin cambios en ese sentido, lo que se convierte en un mensaje mucho más acomodaticio de lo que se esperaba.

Patrick O’Donnell, gestor senior de inversiones en Aberdeen Asset Management, apunta que “es exactamente lo que estábamos esperando. Hay algunos ajustes en el lenguaje sobre los riesgos de la economía y las previsiones para subidas de tipos de interés. Pero no es mucho”.

Como explica Cárpatos en su sección, “no ha endurecido ni un ápice su postura como algunos temían. Ha dejado claro que todo puede seguir igual durante mucho tiempo, que la economía mejora, pero que la inflación está lejos de consolidarse al alza, y ha dado la sorpresa diciendo que podría bajar más los tipos de interés si las cosas se ponen feas. Por tanto ni la más remota señal de tapering con un BCE que se ha esforzado en ser dovish. Ninguna fuente de preocupación por tanto ni para bolsas ni para bonos por este lado”. 

El presidente del BCE, Mario Draghi, lo ha argumentado todo con la evolución de la inflación. En su opinión, las presiones inflacionistas siguen desaparecidas y los movimientos que se han producido en los últimos meses han estado dominados por la evolución de los precios del petróleo y de la alimentación. El presidente explica que no ha habido cambios en la subyacente, la que excluye estos dos componentes.

De hecho, la institución ha rebajado sus estimaciones de inflación con respecto a marzo. Cree que este año será del 1,5%, en 2018 caerá al 1,3% y en 2019 se situará en el 1,6%.

Todo lo contrario ha ocurrido con las previsiones de crecimiento económico, que se han revisado al alza. Estiman que el PIB de la eurozona crecerá este año un 1,9%, un 1,8% en 2018 y un 1,7 en 2019.

En opinión de los miembros del BCE ha desaparecido el riesgo de deflación, pero siguen siendo necesarias políticas monetarias expansivas que acompañen al crecimiento.

Ni tan siquiera una pista ha dado el señor Draghi sobre el calendario de la retirada del QE.  Es más, ha llegado a decir que si las presiones inflacionistas volvieran estaría dispuesto a bajar de nuevo los tipos.

En cuanto al QE, el BCE reitera que las compras de activos se mantendrán en la misma cantidad que hasta ahora, 60.000 millones de euros mensuales “hasta el final de diciembre de 2017 o hasta una fecha posterior si fuera necesario y, en todo caso, hasta que el Consejo de Gobierno observe un ajuste sostenido de la senda de inflación que sea compatible con su objetivo de inflación”, es decir, sin cambios tampoco en este sentido.

Es más, el organismo insiste en que “si las perspectivas fueran menos favorables, o si las condiciones financieras fueran incompatibles con el progreso del ajuste sostenido de la senda de inflación, el Consejo de Gobierno prevé ampliar el volumen y/o la duración de este programa”.

Precisamente hoy, durante una reunión con periodistas en Madrid, Patrice Gautry, economista jefe de UBP, decía que la reunión de hoy no era muy propicia para tomar decisiones importantes. Hay que recordar que ayer mismo se rescató al banco Popular en España, con lo que el sistema financiero europeo vuelve a mostrar debilidad. Tampoco hay que recordar lo que se juegan el Reino Unido y Europa en su conjunto con las elecciones de hoy en ese país, donde Theresa May se juega una gran mayoría y la tranquilidad de las negociaciones del brexit.

Hace solo unas horas, Franck Dixmier, Director Global de Renta Fija de Allianz Global Investors, explicaba que “no hay ninguna razón para que el BCE cambie su orientación en su reunión de junio, ni hay ninguna razón para que el BCE proporcione un calendario claro para dicho anuncio. Las consecuencias de la difusión de este tipo de movimientos tan pronto serían totalmente contraproducentes, ya que los actores del mercado ajustarían rápidamente sus posiciones y, como resultado, crearían condiciones monetarias más estrictas”.

Para O`Donnell, “el BCE está esencialmente en modo de espera, esperando a que lleguen datos de inflación más positivos. No hay apetito para arriesgarse a ahogar el crecimiento que se ha estado viendo últimamente.  No hacer nada  probablemente es la decisión correcta en este momento. Sin embargo, el BCE generalmente ha sido dolorosamente lento para reaccionar a condiciones cambiantes. Seguramente tendremos que esperar hasta septiembre para ver si deciden cambiar de rumbo”.