Abengoa lleva su segundo día consecutivo de desplome. Aunque quince después del inicio de la sesión no había comenzado a cotizar,  pero su inicio de cotización deja una penalización de más del 22%  que deja el precio de cruce de órdenes en los  0,32 euros. Una caída que secunda la de ayer, cuando perdió más del 53% en la sesión. 

Ayer a última hora se dio a conocer que la compañía será excluída del Ibex, a petición del Comité Asesor Técnico del Ibex, a partir del próximo 27 de noviembre. Lo hizo después de haber recibido una rebaja de rating por parte de Fitch hasta el nivel de “alto riesgo de impago”. Así, la agencia de  calificación rebajó hasta CCC el rating de la energética pues no llevará a cabo la ampliación de capital prevista por 650 millones. 



Tras anunciar que pedirá a la máxima brevedad el preconcurso de acreedores, previa ruptura de las negociaciones con la familia propietaria de Gonvarri, el valor se desplomó más del 57%  con lo que perdió más de la mitad de su capitalización en bolsa. Ayer la familia Riberas dijo que su decisión de no inyectar capital a la compañía era firme. "Necesistábamos tiempo para ver de qué manera éramos capaces de hablar de un plan a largo plazo. Hemos pedido a los bancos implicados que dieran un paquete suficiente para ganar tiempo y articular ese plan y, por desgracia, eso no ha podido ser así". 


Y son algunos de esos bancos, los que están en el punto de mira ante la que se les avecina. De hecho, hoy varios medios publican que  las entidades acredoras de la sociedad estarían buscando de forma desesperada un nuevo comprador para la multinacional andaluza. Santander, Caixabank, Sabadell, Popular o Bankia, entre las nacionales, y las extranjeras HSBC, Bank of America y SG confianban el pasado martes en llegar a un acuerdo con Gestamp para salvar la situación crítica que enfrentaba la compañía. La retirada definitiva ha llevado a la banca a abrir su oferta a todo  tipo de posibles interesados.  Lo ideal, cuentan, sería un socio industrial - si es posible español -  pero si hay interesados en un posible acuerdo siempre es posible recurrir a fondos e inversión capaces de asumir la deuda para estabilizar la situación financiera, según fuentes de las entidades acreedoras citadas por El Mundo