Después del tumultuoso primer semestre del ejercicio que está a punto de concluir, con los acontecimientos en Oriente Medio, el terremoto de Japón, la intervención de Portugal y el más que probable segundo rescate de Grecia, ahora toca el turno de Estados Unidos.

La crisis financiera de 2008, al igual que ha ocurrido en crisis anteriores, trae a la palestra la aplicación de las teorías macroeconómicas keynesianas, y fruto de ello el eterno debate de la intervención pública en la economía. Después del estallido de la crisis, las medidas que se tomaron fueron de laxitud fiscal y aumento de la masa monetaria en circulación. Esto debería dar como resultado un incremento de la actividad económica, y por ende, un descenso del desempleo. La pregunta surgiría después para corregir el efecto pernicioso de estas medidas, pero como se decía, la pregunta sería… después.

Pues bien, ese después parece que ha llegado. La inyección monetaria no parece suficiente para despertar el apetito macro. Los datos conocidos hace dos semanas sobre los datos americanos ponen de relieve que la inyección monetaria no ha sido suficiente, o que, siendo suficiente, no ha llegado al Mercado final en forma de incentivo.

El sistema financiero estadounidense y mundial está inundado de liquidez. Las empresas americanas y multinacionales cuentan con capacidad crediticia pero el sistema financiero parece que no acaba de proyectar la inyección a la economía real y eso se traduce en un descenso de actividad y, por lo tanto aumento de desempleo.

Si esto es así, apagado por lo tanto el fantasma inflacionario a corto plazo, la medida más sensata sería seguir inyectando liquidez al sistema, manteniendo los tipos de interés en niveles bajos y continuando el programa de recompra o QE (por sus siglas en ingles). Hacer esto supone que habría que incrementar los ajustes presupuestarios y modificar el calendario de emisiones. La consecuencia de ello parece clara: un incremento del deficit y un más que probable repunte inflacionario, lo que supondría poner en peligro la triple “A” Americana.

En Europa, por el contrario, la situación es algo más diferente, que no menos compleja. Hay que ayudar a Grecia, esto es evidente, pero hay que controlar la inflación por el crecimiento de Alemania y Francia. La consecuencia sería un incremento de tipos de interés (ya se descuenta un 1,75% para final de año desde el 1,25% actual) que no ayudaría en absoluto a las economías europeas más débiles.

Si en Estados Unidos, parece que un QE3 podría ser lo más probable si los politicos se ponen de acuerdo, en Europa habrá que estar atentos a la evolución del crecimiento económico y al resultado de los stress test bancarios de Julio.

En el horizonte; el problema del ajuste de precios en EEUU y la economia de doble o triple velocidad en Europa, como así lo demuestran los datos de crecimiento económico en los distintos países ¿para cuándo una Eurozona económicamente única?

Y, mientras tanto, los países emergentes que parecen cansados de importar inflación y enfrían sus economías con un agua tan fría, que hace que los mercados sigan acumulando liquidez a la espera de tiempos mejores.