Desde los momentos más duros de la crisis de deuda en noviembre de 2011, la renta fija corporativa ha conseguido unos retornos sobresalientes. El índice Iboxx Corporate 3-5 años (que incluye sobre todos bonos con calificación crediticia) ha subido un 6,4% en cuatro meses.
 Por su parte, los bonos high yield incluso lo hicieron mejor con bonos de Fiat a Continental AG cerca de rentabilidades de doble dígito en el mismo horizonte.  El enorme trabajo que han hecho las compañías europeas desde la crisis de crédito en 2008 ha mejorado mucho sus balances: menos capital circulante, menos deuda y más fuentes de financiación diversificadas. La cantidad de liquidez que atesoran las principales empresas europeas explica por qué muchos emisores tienen spreads que son favorables en comparación con la deuda gubernamental.

Las agencias de rating pueden valorar la calidad crediticia de los emisores. Incluso aunque se han equivocado con los productos estructurados y los bonos soberanos, tienen un track record relativamente bueno en cuanto a los emisores corporativos. Para los inversores, será siempre más fácil evaluar la fortaleza de crédito de Linde AG o Danone que la de un banco lleno de productos fuera de balance o complejos productos derivados.

Sin embargo, la inversión en bonos debería seguir el mismo proceso que la inversión en valores. El bond picking puede ser tan efectivo como el stock picking: no solo se debería comprar una prima de riesgo sobre la tasa libre de riesgo sino también una historia de una compañía basada en la calidad del equipo directivo, la estructura financiera, la visibilidad de los flujos de caja y la responsabilidad social y medioambiental.

Si se sigue este método de seleccionar cuidadosamente los emisores, los bonos corporativos ofrecen una herramienta de diversificación sencilla para carteras que quieren aumentar su rentabilidad con un riesgo razonable.

Olivier de Berranger, gestor del fondo Arty en Financiere de l´Echiquier