El partido se acabó y el equipo ha quedado eliminado del juego. Ahora les toca jugar en otra liga, el entrenador repasa las instrucciones, debe de reconocer los fallos de estrategia cometidos durante el periodo de juego y seguramente la asamblea de socios cambiará a la directiva.


Este símil futbolístico le viene como anillo al dedo a la CAM una vez que la noticia que se esperaba desde hace tiempo ha salido a la luz y el Banco de España intervino la entidad el pasado viernes.

Cuando se hicieron públicos los resultados de las segundas pruebas de estrés en el ámbito europeo que trataban de valorar la resistencia de las entidades a los “shocks” externos identificando las vulnerabilidades de las entidades, la CAM apareció la última de la lista, aun así, la entidad se negaba a reconocer la situación, según los partes informativos publicados. Hemos comentado muchas veces que lo primero que hay que hacer para enderezar un rumbo o cambiar es reconocer la situación en la cual estás. Si no reconocemos la situación, no actuaremos en consecuencia y no tomaremos las medidas adecuadas. Eso es de Perogrullo.

Tan claro está y estratégicamente tan mal lo han hecho los gestores de la entidad, que el resultado es el esperado, no podía ser otro. La intervención y los últimos conatos del consejo de administración, por lo menos, trataron de paralizar, y lo consiguieron, el nombramiento de los consejeros del nuevo banco CAM, EN LOS CUALES SE QUERIA COLOCAR A LOS ANTIGUOS GESTORES Y TITULARES DEL DESAGUISADO ACTUAL para seguir manteniendo la poltrona.

La última decisión tomada ha sido el recuperar las cuotas participativas de los poseedores particulares con una pérdida del 18,3%. Menuda inversión han realizado los inversores aconsejados por la entidad. De cada 1.000 euros invertidos recuperaras 817 euros.

Creo que el mal de la CAM no está en la situación del mercado inmobiliario, especialmente difícil en su territorio cautivo, el mal principal de la entidad está, como hemos comentado muchas veces, en la intromisión del poder político y en la gestión de la entidad.

Hasta hace cuatro días, como el que dice, la prensa se llenaba de declaraciones de “independencia” rechazando de pleno la situación. No eran más que los estómagos agradecidos que debían de salir a la palestra a vociferar algo que desconocían y, si lo hicieron a sabiendas, aún peor.

Desde hace años la entidad embarcó en una carrera de vértigo por conseguir una posición comprando participaciones de otras entidades financieras en el extranjero. Además de pisar el acelerador en la parte inmobiliaria, no consiguiendo, ni de lejos, en una ni en otra parte los resultados esperados, teniendo que deshacer posiciones de estas participaciones y otras con pérdidas considerables. ¿Tenían un plan estratégico claro y real? muchas veces lo dudo recordando las conferencias impartidas por el máximo dirigente de la Entidad “doctor honoris causa” de la situación.
El camino a seguir ahora ya no lo marcarán los gestores actuales, lo marcará el Banco de España, QUE ES EL INVERSOR QUE PONDRÁ EL DINERO para reflotarla y después venderla.

El peligro de esta situación es que afloraran todas las artimañas contables escondidas. El déficit será mucho mayor y hasta no dudo en que puedan haber consideraciones penales en la gestión llevada a cabo, como ha ocurrido en otras entidades intervenidas como la CCM.

Vamos a asistir a un proceso continuado en el cual saldrán a la luz operaciones realizadas por los gestores que parecen más de juzgado de guardia, que de profesionales del sector financiero, y se verá el por qué de la situación y las consecuencias a las cuales han llevado a la entidad.

La consecuencia de esta situación, la de Bancaja y la del Banco de Valencia, es la pérdida del poder económico autóctono y el traslado de las decisiones de inversión y control a otras ubicaciones, como Madrid. En el caso de Bancaja ya ha empezado: las decisiones de inversión importantes se toman en Madrid. Valencia pasa a ser una Territorial de Bankia. El poder está en otra parte. No digamos nada del Banco de Valencia y ahora de la CAM.