Locura, pánico, descalabro… todo, después de que en EEUU. se alcanzara el acuerdo para elevar el techo de gasto. Un acuerdo que si bien evitó el default, no llegó acompañado de un plan ambicioso de reducción de déficit que reconduzca la situación de las cuentas públicas del país. Parece después de permitir que EEUU. se endeude hasta más allá de lo razonable, las agencias de análisis y calificación de riesgos comienzan a mostrar su preocupación por la elevada deuda contraída y por primera vez, se atreven a exigir un plan creíble y ambicioso de ajuste fiscal, y lo que es más, por primera vez en la historia, se atreven a rebajar el rating de la primera potencia del mundo.

En Europa, también relacionado con a deuda y sobretodo con la pasividad de las autoridades europeas, asistimos a un recrudecimiento del nuevo episodio de crisis de deuda de la periferia que ya se había iniciado. Y es que, la recurrente estrategia de comprar tiempo por parte de las autoridades europeas (al comunicar la decisión de aplazar hasta finales de verano algunos de los términos del plan de rescate a Grecia y la decisión de ampliar el importe del EFSF), en esta ocasión alimentó la crisis. Si a esto unimos la publicación de un artículo en una revista alemana según el cual triplicar las garantías del EFSF no sería suficiente para salvar el mercado italiano, es cuando llega el pánico.

El resultado ya lo conocen, brutales recortes que propician el pánico en beneficio de la búsqueda de la calidad y refugio. Eso es lo que ocurre cuando tienes muchos frentes abiertos sin solución real y además, confluyendo con una renta variable americana (considerada como guía de las otras), cotizando artificialmente en zona de máximos. Eso es lo que ocurre cuando no hay freno al endeudamiento y además la economía no responde. Y lo más grave, eso es lo que ocurre cuando el helicóptero del señor Bernanke se detiene justo en el momento en el que la economía se desacelera notablemente y la preocupación por los niveles de deuda y déficit alcanzados, es pronunciada por las agencias de análisis y calificación de riesgos.

Así, con la nueva preocupación por la deuda y el déficit de los EEUU., tenemos crisis de deuda a uno y otro lado del Atlántico y un creciente temor por una desaceleración económica que dura demasiado para ser pasajera y que podría estar dejando sus primeros efectos sobre las economías emergentes. Resumiendo, los problemas crecen en magnitud y las soluciones reales a los mismos siguen sin llegar. Recordemos que el embrollo actual, la crisis de deuda a uno y otro lado del Atlántico, es como resultado de un endeudamiento desorbitado que oficialmente intentaba reactivar la economía pero que realmente, se utilizó para salvar unas “entidades bancarias demasiado grandes para caer”. Así, en el 2.008 fueron los países los que salvaron a las entidades bancarias y dos años más tarde, los organismos internacionales como el FMI o la UE fueron los que tuvieron que asistir a países como Grecia y más recientemente a Irlanda y Portugal… ¿Hasta cuando seguirá esta peligrosa cadena? ¿Existe suficiente dinero en estos organismos para seguir salvando los excesos de los países? Y lo más importante ¿Son efectivos estos salvamentos? Ciertamente y por duro que sea, estamos en situación de decir que los QE, las medidas no convencionales que se han implementado en Europa y los rescates a países, han fracasado en su propósito. ¿Por que no lo asumimos? ¿Por qué no tratamos a los países como empresas? Por que no nos dejamos de salvamentos imposibles y tenemos la valentía de declarar en quiebra a los países que lo están. Realmente sería un duro golpe, pero al menos, los países tendrían la oportunidad de partir de cero, de volver a empezar, de hacer las cosas bien y no como ahora, que caminamos con rumbo hacia la agonía… perdónenme, quizá como me han dicho hoy me he levantado tremendamente trascendente, pero hace tiempo que me asusta lo que veo y lamentablemente, cada vez me asusta más.

Mientras, en la renta variable podemos ver el reflejo de de toda esta incertidumbre… un efecto que se extiende por todo el mundo. Un efecto que en los principales índices mundiales supone el punto y final a un periodo de lateralidad en zona de máximos que interpreto a modo de techo de todo el movimiento alcista que arranca en marzo de 2.009. Y en definitiva, un movimiento que a menos que se anuncien medidas extraordinarias de gran envergadura, da paso a unos mercados tendencialmente bajistas.