De nuevo ayer me hicieron esta pregunta. Sí, ¿por qué no dejar caer a las entidades financieras con problemas? Tuve que resolver con indirectas sobre riesgos sistémicos, sobre la especial situación de los mercados (desconfianza) y hasta sobre la importancia del sector financiero (crédito) para afianzar la recuperación de la economía. Lo cierto es que si la situación actual fuera bien diferente, mejor, responder a la pregunta hubiera sido mucho más fácil.

Pero este debate va más allá de una argumentación teórica. Países como Islandia han dejado caer a su banca…. porque no tenían otra alternativa. Otros países negocian como repartir con sus socios europeos el coste de mantenerla. Al final, en mayor o menor medida, todos los países han respaldado a sus entidades. No hay otro remedio. Las cifras que maneja el FMI van desde el 30 % de PIB de Irlanda hasta el 3 % en España (10 % en Alemania o 7 % en UK). En el caso de Grecia, la estimación del apoyo público a la banca no va más allá del 5 %. También es cierto, como ha ocurrido en USA, el coste finalmente no ha sido tal puesto que lo han recuperado con beneficios a los dos años de producirse. En el resto, especialmente en Europa, aún discutimos si no debe ser mayor el respaldo. Quizás salgamos de dudas tras la publicación de los test de estrés en mes próximo. Pero mucho me temo que la solución como tal va a requerir más tiempo.

Mientras, comienza a observarse la segunda fase a la hora de enfrentarse a los “retos” del sector financiero mundial. Hace unos días el propio Bernanke aludía al mayor control de las entidades grandes con capacidad de riesgo sistémico. ¿Sólo regulación y supervisión? Más allá de esto. La discusión, en parte centralizada a través del FMI, abarca también los cambios en la fiscalidad del sector. Una mayor fiscalidad que tendría como razón de ser tanto ayudar al ajuste de las finanzas públicas (¿no ha sido el sector financiero le origen de la Crisis?) hasta prepararse ante potenciales nuevos problemas financieros que puedan surgir en el futuro (¿desconfían de la regulación y supervisión?). Así, el FMI alude a la posibilidad de establecer un nuevo impuesto sobre el balance (castigar el apalancamiento, a través de la captación de recursos de los mercados de capitales), sobre la cuenta de resultados (¿resultados de la especulación?) o sobre las transacciones financieras (la sobredimensión de los mercados sería un tema también inquietante). Cuestiones como la doble imposición, el coste en términos de flexibilidad y eficiencia, agravios comparativos, deslocalización y hasta la propia complejidad han impedido que haya un consenso sobre el tema. Y si no hay consenso internacional resulta francamente complicado que finalmente se pueda aplicar.

Al final, queda la regulación y la mayor supervisión. Basilea III se plantea como una necesidad a medio y largo plazo para que el riesgo derivado del sector financiero sea menor. Entre medias queda la dificultad para que la banca mundial se pueda adaptar a los nuevos requisitos de capital y liquidez. Sin valorar la propia dificultad para que los mercados puedan absorber el papel que tenga que salir al mercado.

¿Les parece todo demasiado complicado? Sí, lo es. Pero han empezado ustedes con las preguntas. Mejor no preguntar mucho si las respuestas son complicadas o directamente no tienen solución. Seguro que con el tiempo lo veremos más fácil. Seguro que sí.