Los dirigentes de la empresa privada franco-belga Suez y de la pública Gaz de France (GDF) subrayaron hoy la importancia del nuevo grupo resultante de su fusión en términos de seguridad del suministro energético, ante las dudas de los sindicatos y las asociaciones de consumidores. El presidente de Suez, Gérard Mestrallet, y el de GDF, Jean-Francois Cirelli, presentaron hoy ante la prensa los detalles de un acuerdo y se esforzaron por destacar los aspectos positivos de una operación que ha sufrido diferentes contratiempos y parones desde que fue anunciada, por primera vez, en febrero de 2006.
Los integrantes de la futura GDF-Suez, que verá la luz previsiblemente en el primer semestre de 2008, tienen en la actualidad una capitalización bursátil de unos 90.000 millones de euros, lo que la sitúa en el tercer puesto entre todas las del mundo por ese concepto. Si se suma la facturación de ambas entidades sale un grupo que alcanza los 72.000 millones de euros y que será el primer comprador y comercializador de gas en Europa, un líder mundial en el gas natural licuado, quinta eléctrica europea y primero de Europa en la red de transporte y distribución. La fusión aportará una sinergia de hasta mil millones de euros al año en los próximos ejercicios. En la actualidad Suez tiene 140.000 trabajadores en todo el mundo, mientras que la gasista tiene una plantilla de 52.000 empleados. En el efecto de la fusión sobre el empleo radica una de las principales preocupaciones de los sindicatos, que temen algún recorte de plantilla, pero hoy Mestrallet quiso abrir la rueda de prensa con la afirmación de que el proyecto es "creador de empleo". Otro de los resquemores ha sido expresado por las asociaciones de consumidores, que creen que la unión de dos empresas del mismo sector afectará a la libre competencia y puede redundar negativamente en los precios del suministro. Cirelli se encargó de afirmar que la fusión "no tendrá repercusiones" al menos en el precio del gas, fijado por el Estado, que hasta ahora tenía el ochenta% de GDF y en el futuro controlará el 35,6% del grupo resultante. Los sindicatos han criticado que se trate de una privatización encubierta de la gasista, en contra de las promesas del Gobierno que hoy, por boca del primer ministro Francois Fillon, defendió el plan con el argumento de que "es mejor que el Estado tenga casi el cuarenta% de GDF-Suez que el ochenta de Gaz de France". "Nosotros tenemos el control y mantenemos la estrategia", dijo Fillon, mientras las críticas a la privatización han llovido desde la oposición política, en la que el líder socialista Francois Hollande denunció el "riesgo" para el poder adquisitivo de los consumidores. Para facilitar la operación, y a instancias del poder político, Suez ha tenido que aceptar desprenderse de una parte de sus actividades de servicios medioambientales, como el saneamiento, la distribución de agua y el reciclaje. Por eso creará una filial que agrupará la mayor parte de las actividades de Suez en ese ámbito medioambiental y que saldrá a Bolsa, aunque el nuevo grupo fusionado tendrá el 35% del capital de esa sociedad. Este polo medioambiental contará con unos 60.000 trabajadores, con un volumen de negocio de 11.400 millones de euros y una deuda estimada en 5.400 millones. Ese desgaje permitirá que la fusión sea casi entre iguales, a razón de veintiún acciones de GDF por veintidós de Suez Los Consejos de Administración de ambas compañías dieron anoche su visto bueno a la operación, aunque Cirelli admitió hoy que en las reuniones había habido alguna voz discrepante. Mestrallet será el presidente-director general y Cirelli el número dos del nuevo grupo y ambos coincidieron hoy en que una de las ventajas es que la compañía asegurará el aprovisionamiento de energía en Francia y la independencia en ese terreno. Los dos se comprometieron a informar a los sindicatos de la evolución del proyecto y a responder a cualquier duda o petición que plantee la Comisión Europea.