Tras el aumento de los tipos de interés a largo plazo provocado por un discurso menos acomodaticio de la Fed a mediados de marzo, la situación se ha apaciguado para los emisores de buena calidad, y los tipos se han estabilizado en torno al 2,25% para el papel estadounidense a 10 años y al 1,80% para el alemán.
En cambio, los diferenciales de tipos gubernamentales con Alemania reanudan una tendencia alcista en Europa, debido al aumento de los temores relativos a España. En efecto, al final el anuncio del presupuesto de 2012 por el gobierno español ha preocupado a los inversores: aunque se aplicara estrictamente y al pie de la letra, habida cuenta del impacto potencial sobre la actividad ni siquiera es seguro que sea suficiente para mantener la trayectoria de reducción del déficit en la senda del 3% a final de 2013, el objetivo innegociable impuesto por Europa. Y si no alcanza los resultados previstos, no se cumplirá el objetivo de reducción del déficit.

Si a eso se le añade la “indigestión” del mercado tras los importantes volúmenes de emisiones de las últimas semanas, o la inminencia de las elecciones francesas, que siembra dudas respecto al consenso de austeridad fiscal sin concesiones que se ha acabado por imponer en Europa, así como la voluntad del BCE de dar un paso atrás, el mercado ha tenido motivos suficientes para preocuparse y provocar con ello un movimiento de ampliación bastante clara de los diferenciales de tipos entre deudas gubernamentales europeas. Tras unos meses de respiro, la crisis de las deudas soberanas reaparece en el radar de los inversores.

En cambio, mientras que el mercado de obligaciones gubernamentales estaba bajo presión, las
obligaciones corporativas europeas han vuelto a avanzar durante las últimas semanas de marzo, encabezadas por los valores no financieros (servicios públicos y títulos industriales).