Dicen que la esperanza es lo último que se pierde y eso es lo que parece estar haciendo el mercado; no perder la esperanza en las autoridades europeas. Ante los rumores sobre un incremento del tamaño o apalancamiento del EFSF (está segunda opción cuenta con más probabilidades que la primera ya que una ampliación del tamaño podría tener repercusiones, en forma de rebaja en el rating de Francia) y sobre la posibilidad de que el BCE rebaje los tipos de interés en su próxima comparecencia del 6 de octubre, los mercados deciden descontar que efectivamente esas medidas se implementarán, que será el inicio de un conjunto de medidas que permitirá la estabilidad y la mejora en el medio plazo.
 El resultado, una reacción alcista que ya cuenta con tres jornadas consecutivas en su haber, y lo que es más, en algunos casos, una de las mejores jornadas del ejercicio. Sin embargo, hace tan solo una jornadas hablábamos de una de las peores jornadas que había tenido lugar en el ejercicio y ciertamente, si algo pudimos aprender del pasado no muy lejano (crisis financiera de 2.008) es que, cuando en un espacio tan reducido de tiempo confluyen “el mejor comportamiento del ejercicio” y “el peor comportamiento del ejercicio”, entonces, lo que debemos tener claro es que existe una elevaba volatilidad, una elevada de dosis de incertidumbre, en la que ni compradores ni vendedores, tienen el dominio de la situación.

Efectivamente, como pueden observar en el siguiente gráfico, la volatilidad sigue siendo elevada a pesar de la rebaja que ha sufrido en las últimas jornadas. De hecho, las cesiones podrían extenderse hasta buscar apoyo en la zona de soportes de los 30-31 (compatible con una extensión de la recuperación vivida en la renta variable) y seguiríamos cotizando con unas volatilidades elevadas. Y es que, sólo con volatilidades por debajo de los 30, podríamos pensar que la recuperación actual en renta variable, podría tener un mayor calado.



Así, teniendo en cuenta la lectura de la volatilidad (sigue siendo elevada), vamos a analizar las estrategias que se podrían implementar en el caso del futuro del S&P 500, según nuestro perfil de riesgo.

En la jornada del viernes, el futuro del S&P 500 confirmó la zona de mínimos 1.100-1.077 y desde allí, inició una reacción alcista que a estas horas, le lleva a cotizar en los 1.181,50. Esto supone una mejora de 79,50 puntos, o lo que es lo mismo, un +7,2% desde los mínimos de 1.102 que se dejaban en la jornada del viernes. ¿Avances significativos? Si somos inversores agresivos que trabajamos el corto, sí, pues los avances podrían extenderse hacia niveles de 1.215 e inclusive los 1.245. Sin embargo, los avances deberían pasar inadvertidos para aquellos inversores que son de perfil más moderado, pues ésta, podría se tan sólo una zona de distribución, una zona en la que muchos estarían aprovechando para deshacer posiciones.

¿Por qué? Porque recuerden que el pasado mes de agosto, les advertía que los índices mundiales habían concluido en su conjunto, un periodo de lateralidad que interpretaba a modo de techo de todo el movimiento alcista que arranca en marzo de 2.009. Ahora, con un horizonte controlado por una crisis de deuda a uno y otro lado del Atlántico, con una desaceleración económica que apunta hacia la recesión, el escenario más compatible es el de una reacción alcista que se utiliza para distribuir papel. Así, si usted es un inversor activo, aproveche el movimiento al alza (sea riguroso con los stops) y sino, si usted es un inversor más moderado, espere que al menos la volatilidad se reduzca por debajo de los 30 para iniciar una posición alcista.