El crecimiento anémico de la tercera economía de la zona euro - concretamente, el de sus índices de actividad del sector servicios - ha suscitado un movimiento de pánico respecto a las obligaciones del Estado italiano.
Sin embargo, a diferencia de los demás países periféricos de Europa, la situación fundamental de las finanzas públicas italianas resulta mucho menos preocupante: aunque, efectivamente, el monto de la deuda es importante (120% del PIB en 2010), su dinámica es menos negativa (déficit esperado del 4,3% del PIB en 2011, frente al 10,8% de Irlanda, el 7,4% de Grecia, el 6,2% de España y el 5,6% de Portugal).

Por otra parte, Italia es el único estado de la zona euro que registrará un saldo presupuestario primario - antes del pago de los intereses de la deuda - excedentario en 2011, lo cual significa que todo el déficit presupuestario es resultante del peso de la bolsa de deuda acumulada. Señalemos que Italia viene siendo capaz de conseguir esos excedentes primarios desde 1992, con la única interrupción de los años 2009 y 2010, lo cual constituye una prenda de su garantía de equilibrar ingresos y gastos de funcionamiento (una diferencia notable con respecto a otros muchos estados europeos). Pero los temores que rodean las perspectivas de crecimiento de la economía italiana plantean el interrogante de la sostenibilidad del volumen de deuda: el PIB sólo creció un 0,1% en el 4º trimestre de 2010 y el 1er trimestre de 2011, y el FMI prevé un crecimiento real apenas superior al 1%. Por eso el gobierno, presionado por los mercados, ha hecho aprobar un nuevo plan de austeridad por la vía rápida.

Con Italia en la línea de mira de los mercados financieros, la crisis de la deuda soberana adquiere una dimensión muy distinta: la deuda pública italiana solamente asciende a 1.843.000 millones de EUR, es decir cerca del 50% más que las deudas públicas de Grecia, Irlanda, Portugal y España juntas... En el ojo del huracán, entre votaciones cruciales en Grecia e Italia, el BCE ha intentado mantener el rumbo que se había fijado un mes antes. Ha incrementado su tipo de referencia en 25 pb (al 1,50%) por segunda vez en lo que va de año, tras la subida similar de abril. Por su parte, el Banco Central sigue preocupado por las presiones alcistas sobre los precios y una tasa de inflación que, aunque en junio se estabilizó en el 2,7%, sigue superando su objetivo del 2%. Por lo demás, pretende normalizar su política monetaria en un momento en que vuelven a prevalecer condiciones de crecimiento “normales” en la mayor parte de la zona euro (en especial en su parte Norte, con Alemania en primer lugar).