Con los CFDs el inversor puede acceder a cualquier producto de inversión, ya sea acciones, materias primas o divisas, pero sólo pagando un porcentaje del precio total a la entidad financiera que compra los títulos en bolsa y financia dicha adquisición.

El inversor tiene la posibilidad de liquidar el contrato con la entidad financiera cuando desee y gana o pierde la diferencia entre el precio de compra y el de venta, como si hubiera comprado directamente el activo. En el caso de posiciones bajistas, el sistema es el mismo pero la entidad vende los activos para luego recomprarlos.

Los CFDs fueron creados hace años por los Hedge Funds para tener acceso a la negociación de operaciones con mucho apalancamiento, si bien, el inversor particular tardó en tener acceso a estos productos

Ventajas de los CFDs
Los CFDs son una alternativa a otros productos con apalancamiento como los futuros o los warrants aunque, frente a éstos, ofrecen la posibilidad de ponerse bajista y de liquidación diaria.

Además, no tienen vencimiento por lo que el inversor no tiene que cambiar de contrato para mantener las posiciones a largo plazo (el conocido rollover: procedimiento por el que una operación de cercano vencimiento se cierra para abrir otra posición del mismo tamaño y dirección para el siguiente periodo, prolongando así la exposición a un mercado particular).

Al no tener vencimiento, el precio del CFD no se ve influido por el cálculo del valor a vencimiento. El precio es el mismo que el de la acción, durante toda la vida de la operación.

Con los CFDs el inversor puede invertir directamente en los activos, pues replican el movimiento de éstos simultáneamente, frente a los warrants y futuros que lo realizan de forma más compleja.

Inconvenientes de los CFDs
El aspecto más negativo de este producto, quizás son sus costes, ya que el inversor paga una comisión al broker, variable según la entidad financiera. Existen brokers que no incluyen una comisión obligatoria, pero incluyen una horquilla entre el precio de compra y el de venta.

Los CFD no tienen retención a cuenta y su tributación es al 18% por la ganancia obtenida, como todos los productos de inversión. Por este motivo, los ingresos por dividendos del inversor son menores al 18% del valor neto del dividendo, puesto que a final de año a Hacienda se le deberá abonar la retención pertinente por importe de ese dividendo neto que el intermediario ha cargado en nuestra cuenta. Ejemplo, si un inversor cobra 100 euros de dividendo bruto en acciones que posee, Hacienda le retendría 18 euros y, por tanto, cobraría 82 euros. Con los CFDs, el inversor cobraría los 82 euros, pero el emisor no entrega los 18 euros a Hacienda, así que tiene que abonar la retención al hacer la declaración de la renta. Finalmente, de los 82 euros que el inversor cobrará realmente se quedará con 67,24 euros (un 18% de los 82 euros será para Hacienda).

Además, como producto financiero, los CFDs están sujetos a intereses referenciados al Euríbor más un tanto por ciento, variable en función de la entidad.

De estas características nacen los dos tipos de CFDs que hay en el mercado:
- CFD con horquilla de contratación fijada por el emisor. El emisor fija la horquilla de precios de compra-venta para el inversor. No hay profundidad de mercado, sólo un precio de oferta y un precio de demanda con un diferencial entre ambos siempre superior al de la Bolsa. El emisor obtiene su beneficio del diferencial entre el precio de su horquilla y el precio real de la Bolsa con el que puede cubrirse instantáneamente. El inversor paga más que en Bolsa si quiere comprar, y obtiene menos si quiere vender aunque no paga comisiones.

- CFD con acceso directo al mercado (transparente). Una operación de este tipo provoca una operación real en la Bolsa y la profundidad de mercado que se utiliza para contratar es la misma que para la negociación en acciones, el libro de órdenes de Bolsa. El inversor puede ver sus órdenes y ejecuciones en el ticker de la Bolsa. Al introducir una orden de CFD, ésta irá directamente al mercado a nombre del emisor, que convierte la operación en liquidaciones por diferencias.

Estrategias con CFDs
Entre las estrategias que el inversor puede desarrollar con este producto están las operaciones bidireccionales. La operativa bidireccional consiste en “ir largo y corto al mismo tiempo en un valor determinado, pudiendo ser en una acción, divisa, índice o materia prima”, indica Gabriel Montalto, director en España de Hanseatic Brokerhouse. Para ello hay que tener en cuenta que “los precios pueden subir, bajar o moverse en lateral y el precio tiene que estar en una zona media, tener una referencia anterior en una zona baja y otra alta y también ambas referencias pero inmediatas. Así pues, se ponen stops dinámicos que acompañen al movimiento, por lo que siempre se está a favor de la tendencia. Esta operativa se puede desarrollar a partir de plataformas de CFDs como Metatrader”.