En 1992, Bill Clinton era elegido como 42º Presidente de los Estados Unidos. El déficit federal alcanzaba en esta época los 290 Md$ (4,7% del PIB) y el nuevo presidente había prometido reformar el Estado en profundidad y reducir a la mitad este déficit insostenible a largo plazo. Seis años después, a principios de su segundo mandato y tras la aprobación del Balanced Budget Act (una especie de "regla de oro" anticipada) y por delante de los planes más optimistas, la ejecución presupuestaria americana se volvía positiva, antes de presentar en 2000 un inédito y copioso superávit que representaba el 2,4% del PIB.

La virtud presupuestaria emprendida entonces al otro lado del Atlántico, supuestamente perenne, llevaba así al muy serio y respetado Congressional Budget Office (CBO) a prever en su escenario "principal" la desaparición total de la deuda americana entre 2009 y 2011.

No hizo falta más para desencadenar inmediatamente un pánico "comprador" en el mercado de la deuda americana a largo plazo ante la previsión de una desaparición total de dicho activo: si ya no había deuda pública americana ¿dónde iban a poder colocarse "sin riesgo" los enormes superávits generados por los socios comerciales de la América resplandeciente? Llegó entonces, en este periodo, un "peak Treasury Bond" como hubo posteriormente un "peak oil" (2008) o un "peak silver" (2011)… La canción del "peak" es siempre la misma: compremos ahora, dentro de poco ya no habrá…

Desde este punto de vista, once años después, los inversores pueden estar "tranquilos". Con o sin "triple A", la deuda americana no es una especie en peligro de extinción… Más bien, al contrario, tendría incluso tendencia a multiplicarse a gran velocidad, acercándose frecuentemente a su tope reglamentario de lo rápido que crece.Tras 1.285 Md$ de déficit presupuestario en 2011, la deuda de los Estados Unidos representa hoy cerca del 90% del PIB, muy lejos del 10% de "crédito" previsto por el CBO hace doce años. Como decía Pierre Dac, «el arte de la previsión es difícil, sobre todo cuando se refiere al futuro ». En 2008 se vislumbraba un futuro especialmente moroso para el billete verde y el euro se cambiaba contra 1,60 "rey dólar" derrocado… También parecía obvio que la paridad euro-dólar iba a alcanzar con rapidez los 2 dólares por euro. Periodo de ansiedad para todos y especialmente para nuestros dirigentes de empresas obligados a crear presupuestos y previsiones partiendo de estas cifras que pierden la cabeza a veces de forma desmesurada.

El excelente regalo de Navidad de 2011 es que pasamos (¡por fin!) por debajo de los 1,30$ por 1€ y que las empresas europeas que sufrían por todos los condicionantes externos (euro fuerte, subida de las materias primas) desde hace muchos años, van a disfrutar de una mayor competitividad, bien acogida en estos tiempos de crecimiento débil. Una buena noticia que hay que destacar en un entorno que sigue siendo difícil para los empresarios europeos:el poder adquisitivo de los hogares estará bajo presión de 2012, mientras que los Estados no tendrán ningún margen de maniobra para activar la economía y el paro crece… un programa oscuro que no incita al optimismo.

Pero entonces ¿qué tienen que hacer las empresas en este ambiente de incertidumbre? Como siempre, los portadores de proyectos se van a preparar para "todas" las posibilidades, aunque sepan en su fuero interno que la realidad será muy distinta. Por otro lado, la ausencia de visibilidad suele dejar que los mejores proyectos y los mejores dirigentes destaquen y produzcan un lote de "buenas sorpresas":es cuando la renta se ve amenazada que la audacia puede ser más fructífera y que el riesgo se remunera mejor.

Un 2012 imprevisible: ¿y si fuera la mejor noticia del año?